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El hongo de la “maldición del faraón” se transforma en un prometedor fármaco contra la leucemia

Científicos convierten el hongo Aspergillus flavus, vinculado a la leyenda de la “maldición del faraón”, en una nueva terapia experimental contra la leucemia

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Placa de Petri con cultivo de Aspergillus flavus desarrollándose en el Laboratorio Gao
Muestra de Aspergillus flavus desarrollada en el Laboratorio Gao, útil para estudios microbiológicos y toxicológicos. Crédito: Bella Ciervo.

El mito de la “maldición del faraón” siempre alimentó historias de terror en la arqueología. Las muertes súbitas de quienes abrían tumbas egipcias en el siglo XX fueron atribuidas durante años a venganzas sobrenaturales, pero la ciencia apuntó después a un culpable mucho más tangible: Aspergillus flavus, un hongo capaz de sobrevivir siglos y liberar toxinas letales al ser inhaladas.

Hoy, un siglo después de esas leyendas, ese mismo microorganismo emerge como aliado inesperado en la lucha contra la leucemia. Investigadores de la Universidad de Pensilvania y otras instituciones han conseguido aislar de A. flavus una nueva familia de moléculas llamadas asperigimicinas, cuyos efectos sobre células cancerosas rivalizan con los medicamentos más potentes de la oncología moderna.

La clave está en su estructura singular: anillos entrelazados y una versatilidad bioquímica casi inédita en el mundo de los hongos. Modificando uno de estos compuestos con un lípido tomado de la jalea real —la misma sustancia que alimenta a las abejas reina— el equipo logró una potencia igual a la de fármacos aprobados por la FDA para tratar leucemia.

Las investigadoras Qiuyue Nie y Maria Zotova, de izquierda a derecha, purifican muestras de hongo Aspergillus flavus en el laboratorio, usando material científico especializado.
La primera autora Qiuyue Nie y la coautora Maria Zotova, en plena labor de purificación de muestras fúngicas. Crédito: Bella Ciervo.

Lo fascinante es que, pese a la toxicidad que históricamente rodeó a este hongo, las asperigimicinas se mostraron selectivas: afectan solo a ciertas células cancerosas, no a bacterias, hongos benignos ni células sanas de otros tejidos. Este nivel de especificidad es un objetivo largamente buscado por la medicina, que sueña con terapias cada vez menos agresivas.

Otra revelación del estudio fue identificar un gen clave, SLC46A3, que permite la entrada de las moléculas a la célula leucémica. Entender este mecanismo celular abre la puerta a nuevas estrategias de diseño de medicamentos y al aprovechamiento de genes transportadores para incrementar la eficacia de futuros tratamientos oncológicos.

El hallazgo, publicado en Nature Chemical Biology, marca el inicio de una fase experimental: los ensayos en laboratorio con células humanas fueron muy prometedores, pero ahora los científicos se preparan para probar las asperigimicinas en modelos animales y, con suerte, iniciar ensayos clínicos en un plazo razonable. No solo se trata de leucemia: el potencial de este tipo de compuestos podría extenderse a otros tumores, según avancen las investigaciones.

La historia de Aspergillus flavus es, en el fondo, la historia de la biotecnología: lo que ayer era un peligro letal puede convertirse mañana en una cura inesperada. Así, la ciencia sigue desenterrando tesoros en los rincones menos pensados de la naturaleza, transformando leyendas oscuras en esperanza clínica y abriendo nuevas rutas para el desarrollo de fármacos contra el cáncer.

Fuente: Penn Engineering Blog

Preguntas frecuentes

¿Qué relación tiene Aspergillus flavus con la “maldición del faraón”?

Este hongo tóxico ha sido vinculado a muertes de arqueólogos en tumbas antiguas, alimentando la leyenda de la maldición por sus esporas letales.

¿Cómo ayuda el hongo Aspergillus flavus a combatir la leucemia?

Investigadores aislaron y modificaron moléculas del hongo, obteniendo compuestos capaces de destruir células de leucemia en pruebas de laboratorio.

¿Son seguras las nuevas asperigimicinas para otros tejidos humanos?

Los estudios muestran que afectan selectivamente células leucémicas y no dañan bacterias, hongos benignos ni otros tipos celulares sanos.

¿Cuándo podrían llegar estos nuevos fármacos a los pacientes?

Aún deben probarse en modelos animales y ensayos clínicos humanos, por lo que su aprobación podría tomar varios años si confirman su eficacia y seguridad.

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