Durante la cumbre climática COP30 que se celebra en Belém, Brasil, un nuevo informe advierte que la mayoría de los países están confiando en exceso en la captura de carbono en tierra —como la plantación masiva de árboles— para cumplir sus metas de neutralidad de carbono, en lugar de reducir de manera efectiva las emisiones procedentes de los combustibles fósiles.
El informe Land Gap 2025, liderado por la Universidad de Melbourne junto con un consorcio internacional de investigadores, analiza los planes climáticos nacionales actualizados presentados ante Naciones Unidas. Los resultados muestran que los compromisos actuales priorizan estrategias de eliminación de carbono que, en muchos casos, son poco realistas y podrían comprometer tierras críticas para comunidades locales y ecosistemas naturales.
“Muchos países están ignorando la protección de los bosques como base de sus metas climáticas”, señaló la doctora Kate Dooley, autora principal del estudio. “Viven en un sistema económico global que los empuja a explotar sus recursos forestales para sostener sus economías, a pesar de que los bosques sanos son esenciales para mantener economías sanas a largo plazo”.
Los bosques siguen desapareciendo mientras aumentan los compromisos de captura de carbono
El informe denuncia dos grandes brechas en las políticas climáticas globales: una “brecha territorial”, entre la dependencia de los gobiernos de la tierra para cumplir sus metas de carbono y la capacidad real de los ecosistemas para absorberlo, y una “brecha forestal”, que muestra el desfase entre las promesas de detener la deforestación y la realidad sobre el terreno.
Según los datos presentados, los países necesitarían destinar más de mil millones de hectáreas —una superficie mayor que la de Australia— a la captura de carbono mediante plantaciones o proyectos de bioenergía para alcanzar sus metas actuales. Esto pone en riesgo tierras utilizadas por pueblos indígenas, agricultores y comunidades rurales.
Los autores estiman que, incluso si se cumplieran los compromisos anunciados, la tasa global de deforestación en 2030 seguiría siendo de cuatro millones de hectáreas por año, con otros 16 millones de hectáreas de bosques degradados.
El coautor Alister Self, investigador del grupo Climate Resource, explicó que, con las políticas actuales, la temperatura global podría aumentar entre 1,8 °C y 2,0 °C este siglo, siempre que los países cumplan plenamente sus compromisos. “Si los gobiernos siguen postergando la eliminación de los combustibles fósiles, estas proyecciones se elevarán aún más”, advirtió.
Los investigadores subrayan que, aunque las soluciones basadas en la naturaleza pueden contribuir al equilibrio climático, no deben reemplazar la acción directa para reducir las emisiones. La restauración de bosques y suelos debe complementarse con una reducción sostenida del uso de petróleo, carbón y gas, y con una transformación económica que integre los objetivos de biodiversidad, desarrollo y justicia social.
“El mensaje es claro: no podemos plantar árboles para compensar la falta de ambición”, concluyó Dooley. “Sin un cambio estructural profundo en la economía global, el carbono seguirá acumulándose en la atmósfera, y los impactos del cambio climático serán cada vez más graves”.