Durante años, el desarrollo de videojuegos ambientados en la prehistoria o en contextos arqueológicos ha estado casi exclusivamente en manos de grandes estudios comerciales. Aunque muchos de estos títulos han sido visualmente impresionantes, la fidelidad histórica no siempre ha sido una prioridad. Ahora, un nuevo trabajo académico muestra que esta situación está empezando a cambiar gracias al uso de inteligencia artificial y herramientas digitales gratuitas.
Investigadores de la Universidad de Copenhague y la Universidad de Bergen han demostrado que los propios arqueólogos pueden crear videojuegos educativos sin depender de grandes presupuestos ni de desarrolladores externos. Utilizando software accesible como Unreal Engine, técnicas de fotogrametría 3D y sistemas de IA generativa, lograron construir una experiencia interactiva basada en yacimientos reales del Neolítico en el norte de Europa.
El videojuego desarrollado por el equipo permite explorar dólmenes escaneados en 3D y conversar con personajes controlados por inteligencia artificial, entre ellos un arqueólogo y una mujer prehistórica. A diferencia de los videojuegos tradicionales, los diálogos no están completamente guionizados: los personajes responden de forma flexible a las preguntas del jugador, basándose en conocimientos arqueológicos previamente introducidos por los investigadores.
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es que las historias y explicaciones pueden actualizarse fácilmente. A medida que se publican nuevos estudios o se revisan interpretaciones del pasado, los investigadores pueden modificar las “historias de fondo” de los personajes sin rehacer el juego desde cero. Esto permite que la divulgación se mantenga alineada con el estado actual de la investigación científica.
El estudio también subraya el potencial educativo de este enfoque. Al situar al jugador dentro de un entorno inmersivo y permitirle interactuar directamente con personajes del pasado, el aprendizaje deja de ser pasivo. Los usuarios no solo reciben información, sino que exploran, preguntan y comparan distintas perspectivas sobre cómo se vivía y se pensaba en épocas prehistóricas.
Los autores reconocen que este tipo de videojuegos no pretende sustituir a museos, guías humanos ni exposiciones tradicionales. Más bien, se plantea como una herramienta complementaria que puede enriquecer la experiencia educativa, tanto en aulas como en contextos museísticos o incluso desde casa. También advierten sobre la necesidad de cuidar los aspectos éticos, evitando estereotipos y dejando claro qué partes están basadas en evidencias y cuáles son interpretaciones.
En conjunto, el trabajo sugiere que la inteligencia artificial está reduciendo de forma notable las barreras para crear contenidos digitales sobre patrimonio cultural. Al poner estas herramientas en manos de los propios investigadores, se abre la posibilidad de una divulgación más directa, flexible y controlada por la comunidad científica, con videojuegos que no solo entretienen, sino que también enseñan con rigor.