La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha abierto formalmente el debate sobre la protección absoluta de la alta mar, la vasta franja oceánica fuera de toda jurisdicción nacional, ante el riesgo creciente de daños irreversibles provocados por la actividad humana y el cambio climático. La iniciativa se discute esta semana durante la Conferencia de los Océanos de la ONU en Niza, Francia, con la mirada puesta en frenar la pesca industrial, la minería submarina y la explotación de hidrocarburos en aguas internacionales.
Actualmente, la alta mar representa el 61% de la superficie oceánica mundial y el 43% del planeta. Sin embargo, menos del 1% de esa superficie está protegida de actividades extractivas, según datos científicos presentados en el evento. Expertos advierten que la explotación histórica y las nuevas amenazas, como la desoxigenación y el calentamiento global, ponen en peligro el equilibrio del ecosistema marino global.
El Tratado de Alta Mar, acordado en 2023, busca subsanar la ausencia de mecanismos internacionales efectivos para proteger estas aguas. No obstante, su entrada en vigor depende de la ratificación de al menos 60 países, y por ahora solo 28 lo han hecho. La implementación efectiva sigue pendiente, lo que mantiene vulnerables a miles de especies y a los procesos clave de secuestro de carbono del océano.
Defensores de la iniciativa sostienen que proteger la alta mar no solo es vital para la biodiversidad, sino que también contribuye a la estabilidad climática global. La zona mesopelágica, donde miles de millones de toneladas de biomasa realizan migraciones verticales diarias, juega un papel central en el almacenamiento de carbono y el reciclaje de nutrientes, limitando el calentamiento global.
La presión para explotar la alta mar va en aumento, impulsada por la demanda de nuevas fuentes de pescado, minerales y energía. Pese a que la pesca en alta mar representa menos del 6% de la captura mundial, es responsable de la disminución de especies vulnerables y, en muchos casos, solo es rentable gracias a subsidios estatales.
Además, la minería submarina y la extracción de hidrocarburos están en el punto de mira. Varias organizaciones advierten que estas actividades tendrían impactos irreversibles en los hábitats profundos, liberando carbono almacenado durante milenios y alterando procesos fundamentales para la vida marina y el clima.
La propuesta de moratoria total se inspira en el modelo del Tratado Antártico, que desde 1959 protege el continente de toda explotación industrial. Según los impulsores, un acuerdo global permitiría detener la degradación antes de que los daños sean irreparables y garantizaría beneficios ambientales a escala planetaria.
La medida, aunque ambiciosa, enfrenta obstáculos políticos y económicos, especialmente de países con flotas pesqueras industriales y empresas mineras interesadas en recursos submarinos. Sin embargo, el respaldo científico y el apoyo de decenas de países alimentan el optimismo sobre la posibilidad de un consenso histórico en los próximos años.
Fuente: Nature