Durante casi tres décadas, la reintroducción del lobo gris en el Parque Nacional de Yellowstone ha sido presentada como un caso ejemplar de recuperación ecológica. Se decía que su regreso había restaurado el equilibrio natural, controlando a los alces y permitiendo que los bosques y ríos se regeneraran. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que esa historia podría estar exagerada.
Un equipo de la Universidad Estatal de Utah revisó los datos más citados sobre Yellowstone y concluyó que las afirmaciones de una “cascada trófica líder mundial” carecen de sustento científico sólido. Según los investigadores, los modelos empleados para medir el crecimiento de los sauces —una planta clave en la narrativa de recuperación— presentaban errores metodológicos que invalidan los resultados.
El estudio, publicado en la revista Global Ecology and Conservation, analizó el trabajo de Ripple et al. (2025), quienes habían asegurado que los sauces aumentaron su biomasa un 1.500 % tras el regreso del lobo. Sin embargo, el equipo de Utah demostró que las mediciones eran circulares, pues usaban la altura de las plantas tanto para calcular como para predecir su volumen.
“Matemáticamente, ese método garantiza una correlación perfecta incluso si el cambio ecológico no existe”, explicó el ecólogo Daniel MacNulty, autor principal del nuevo análisis. Según él, la relación entre depredadores, presas y vegetación en Yellowstone es mucho más compleja de lo que muestran los modelos anteriores.
Los científicos también detectaron que los estudios comparaban parcelas de vegetación distintas entre 2001 y 2020, lo que confunde los efectos naturales con el sesgo de muestreo. Además, no se consideraron otros factores relevantes, como la hidrología, el ramoneo local o la intervención humana, que pueden influir en el crecimiento del sauce y otras especies vegetales.
Lejos de negar la importancia del lobo, los autores sostienen que su impacto es real, pero más localizado y dependiente del contexto. “Los lobos han cambiado Yellowstone, pero no en la medida mítica que a menudo se cuenta”, señaló el coautor David Cooper, de la Universidad Estatal de Colorado. “El ecosistema sigue en recuperación, y eso lleva tiempo”.
La revisión también resalta la necesidad de evitar conclusiones simplistas sobre la restauración ecológica. Los investigadores advierten que cada especie interactúa con su entorno de manera diferente, y que los efectos indirectos de los depredadores pueden variar entre hábitats, estaciones o periodos climáticos.
Para MacNulty y su equipo, el caso de Yellowstone sirve como recordatorio de que la ciencia debe avanzar con rigor y cautela. “La historia de los lobos sigue siendo fascinante”, dijo, “pero los ecosistemas reales son más complejos que los relatos simbólicos que construimos sobre ellos”.