Un nuevo estudio publicado en la revista Nature Climate Change ha demostrado que los peces cebra pueden evolucionar para tolerar temperaturas más altas del agua sin sufrir consecuencias fisiológicas negativas. La investigación, llevada a cabo por la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), marca un hito al replicar experimentalmente el proceso evolutivo durante siete generaciones en condiciones de laboratorio.
El experimento fue dirigido por Fredrik Jutfelt y realizado por Anna Andreassen, quien crió tres líneas de peces cebra: una seleccionada por su resistencia al calor, otra por su sensibilidad y una tercera como grupo de control. Lo sorprendente fue que los peces adaptados al calor no solo toleraron mejor las altas temperaturas, sino que también mostraron mayor resistencia al frío, desafiando la teoría de que la especialización térmica reduce el rango de tolerancia.
Además, los peces adaptados no evidenciaron ninguna reducción en su capacidad reproductiva, tasa de crecimiento ni eficiencia al nadar. “Cuando analizamos lo bien que se reproducen y crecen, realmente no vimos ninguna desventaja”, afirmó Andreassen. Esto sugiere que los cambios evolutivos inducidos artificialmente no siempre implican costos energéticos o compromisos adaptativos.
Una de las hipótesis evaluadas fue que estos peces podrían absorber oxígeno de manera más eficiente en aguas cálidas. Para probarlo, se utilizó un túnel de nado donde se midió el consumo de oxígeno durante el ejercicio intenso. Sorprendentemente, no se encontraron diferencias relevantes, salvo en los peces sensibles al calor, que mostraron peor rendimiento a altas temperaturas.
Los peces seleccionados para resistir el calor también se desenvolvieron igual o mejor que el grupo control en términos de reproducción y desempeño físico. Esta capacidad de adaptación sin efectos negativos visibles ha generado un nuevo enfoque sobre cómo se pueden comportar las especies frente al calentamiento climático. Sin embargo, estos resultados se limitan a entornos de laboratorio altamente controlados.
“Criar estos peces tomó tres años. En la naturaleza, con presiones ambientales múltiples y menos generaciones por década, no está claro si podrían adaptarse con la misma rapidez”, señaló Jutfelt. Aun así, el experimento ofrece una nueva visión sobre el potencial evolutivo de los animales ectotermos, cuya temperatura corporal depende del entorno.
El estudio también recalca que, aunque estos peces no experimentaron efectos adversos, el cambio climático sigue planteando riesgos imprevisibles para muchas otras especies. Los autores advierten que la resiliencia observada en laboratorio no puede generalizarse automáticamente a ecosistemas enteros.
Los resultados no solo tienen implicaciones para la biología evolutiva, sino también para la conservación, ya que podrían orientar esfuerzos para ayudar a las especies a sobrevivir al calentamiento global. Este experimento pionero abre la puerta a futuras investigaciones sobre adaptación climática inducida y la biología comparada entre especies salvajes y de laboratorio.
Referencias: Nature Climate Change, 14 mayo 2025