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Los vehículos eléctricos podrían abrirse paso en África antes de lo previsto gracias a la energía solar

El avance de la energía solar y la caída de costes abren la posibilidad de que los vehículos eléctricos se adopten en África antes de 2040 sin depender de la red eléctrica.

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Taxi eléctrico circulando por una calle de Accra, Ghana
Taxi eléctrico en Accra, Ghana. Crédito: Tobias Schmidt / ETH Zúrich.

África se encamina a un aumento acelerado del número de vehículos en circulación. Las proyecciones incluidas en la fuente apuntan a que el parque móvil se duplicará antes de 2050, un crecimiento más rápido que en cualquier otro continente. El interrogante clave no es si habrá más movilidad, sino qué tipo de tecnologías cubrirán esa demanda creciente.

Durante años, muchos modelos asumieron que los motores de combustión seguirían dominando el transporte africano durante décadas. El trabajo liderado desde la ETH de Zúrich introduce una hipótesis distinta: en determinados contextos, los vehículos eléctricos pueden resultar económicamente viables mucho antes de 2040, siempre que se desliguen de una red eléctrica poco fiable y se apoyen en sistemas solares autónomos.

La carga es el eje del planteamiento. En amplias zonas del continente, la red eléctrica es inestable o inexistente, lo que suele presentarse como un obstáculo estructural. El estudio adopta otra perspectiva y analiza un escenario en el que los vehículos eléctricos se cargan mediante instalaciones solares dedicadas, combinadas con baterías estacionarias, sin depender de la red convencional.

Este enfoque cobra sentido por dos cambios recientes que la fuente considera determinantes. El coste de la energía solar y de las baterías ha caído de forma notable, mientras que el mercado ofrece cada vez más vehículos eléctricos asequibles, especialmente motocicletas, patinetes y coches pequeños. En ese contexto, los cálculos muestran que un sistema solar compacto puede cubrir el uso diario de un vehículo ligero que recorra alrededor de 50 kilómetros.

El impacto económico no se limita a los coches. En muchos lugares, el cambio a motocicletas y patinetes eléctricos ya aparece como una opción rentable, incluso con las condiciones actuales de financiación. El coste de la carga representa solo una parte menor del coste total del vehículo, lo que reduce el peso del suministro energético en la decisión de compra.

El estudio insiste, sin embargo, en que África no es un mercado uniforme. Países con entornos financieros más estables, como Botsuana o Sudáfrica, podrían ver una adopción más temprana. En otros, como Guinea, los elevados costes de financiación retrasan la competitividad de los vehículos eléctricos, independientemente de la tecnología disponible.

También se comparan otras opciones de propulsión. Los vehículos basados en combustibles sintéticos quedan descartados como alternativa prioritaria para el transporte de pasajeros, incluso bajo supuestos muy favorables de producción con energía solar barata. La fuente sostiene que estos combustibles son más necesarios en sectores como la aviación o la industria, donde la electrificación directa es más difícil.

El principal freno identificado no es técnico, sino financiero. Los vehículos eléctricos requieren una inversión inicial mayor y, en muchos países africanos, el crédito es caro porque el riesgo percibido es alto. Reducir ese coste —mediante garantías públicas, nuevos esquemas de financiación o apoyo internacional— aparece como una condición clave para acelerar la transición.

Lo que este trabajo deja claro es que la pregunta ya no es si la movilidad eléctrica puede funcionar en África, sino en qué países y bajo qué condiciones financieras empieza a tener sentido. La tecnología no parece ser el límite inmediato; las decisiones económicas y políticas, sí.

Fuente: ETH Zurich

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