Un nuevo estudio internacional revela que miles de especies de anfibios están siendo sometidas a una presión inédita por olas de calor, sequías y eventos climáticos extremos. Esta amenaza, derivada del cambio climático global, afecta principalmente a ranas y salamandras, cuyos hábitats se han vuelto más hostiles y menos predecibles en las últimas décadas.
La investigación, publicada en Conservation Biology, analiza datos climáticos de los últimos 40 años y los cruza con la distribución global de 7.200 especies de anfibios catalogadas por la UICN. Los resultados muestran que el 40% de todas las especies estudiadas ya experimentan una exposición significativa a olas de calor, y el 16% a sequías recurrentes en sus áreas de distribución.
El riesgo no es uniforme, las zonas más afectadas se localizan en la cuenca amazónica, Madagascar y diversas regiones de Europa, donde la totalidad de las especies locales se encuentra ahora bajo amenaza. En lugares como el Amazonas, familias enteras de ranas y salamandras han visto aumentar drásticamente la frecuencia de olas de calor y de sequías severas, con impactos devastadores sobre la biodiversidad local.
El estudio identifica que ciertas familias de anfibios, como Mantellidae y Rhinodermatidae, presentan hasta el 100% de sus especies en riesgo por olas de calor. En Sudamérica, África, el sur de Asia y el Mediterráneo, la exposición a sequías ha alcanzado niveles críticos, poniendo en jaque la supervivencia de especies endémicas altamente vulnerables.
Los científicos comprobaron que la exposición a estos eventos extremos se asocia directamente con el deterioro del estado de conservación de los anfibios. Entre 2004 y 2022, las especies más afectadas por olas de calor y sequías han aumentado su presencia en las categorías de mayor riesgo de extinción dentro de la Lista Roja de la UICN.
Las olas de calor impactan de manera letal, provocando la muerte directa de adultos y larvas, acelerando la desecación de charcas y humedales, y facilitando la proliferación de enfermedades como la quitridiomicosis. Esta infección fúngica ha causado la desaparición de poblaciones enteras de anfibios en América, Australia y África.
Por su parte, las sequías prolongadas reducen drásticamente la disponibilidad de cuerpos de agua necesarios para la reproducción y desarrollo larvario, lo que resulta en disminuciones poblacionales, fallos reproductivos y extinciones locales, especialmente en zonas tropicales y subtropicales.
Aunque las olas de frío han mostrado una tendencia a la baja en la mayoría de regiones, el estudio advierte que en el Cono Sur de Sudamérica se han intensificado, generando nuevos focos de amenaza para las ranas adaptadas a temperaturas templadas y aumentando la prevalencia de enfermedades asociadas al frío.
Ante este escenario, los autores enfatizan la urgencia de reforzar la protección de hábitats húmedos y la creación de refugios climáticos, así como el monitoreo constante de los puntos críticos de biodiversidad. Instan a la comunidad internacional a priorizar la conservación de los anfibios en las agendas de adaptación y mitigación frente al cambio climático.
"La situación de los anfibios es un termómetro del impacto real del cambio climático en la vida silvestre", concluye el equipo de investigación. "Si no actuamos ahora, muchas especies emblemáticas podrían desaparecer para siempre, con consecuencias impredecibles para los ecosistemas de todo el planeta".
Fuente: 10.1111/cobi.70074