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La ciudad de 4.000 años que rompió la regla de la historia sobre riqueza y poder

Un estudio revela que Mohenjo-daro, ciudad del Indo de 4.000 años, se volvió más igualitaria al crecer, desafiando lo que creíamos sobre riqueza y poder.

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Ruinas de Mohenjo-daro
Mohenjo-daro, antigua ciudad de la civilización del Indo. Crédito: Comrogues / Wikimedia Commons / CC BY 2.0.

Mientras el antiguo Egipto levantaba pirámides para sus faraones y Mesopotamia erigía palacios para sus élites, una de las ciudades más grandes del mundo antiguo construía algo muy distinto. Mohenjo-daro, en el valle del Indo, apenas dejó rastros de reyes, tumbas doradas o templos monumentales, y durante mucho tiempo eso fue un misterio para los arqueólogos.

Un nuevo estudio de la Universidad de York propone una explicación que pone patas arriba una vieja certeza histórica. Lejos de concentrar la riqueza en pocas manos a medida que prosperaba, esta urbe de 4.000 años se fue volviendo cada vez más igualitaria con el tiempo, justo al revés de lo que los manuales daban por sentado.

Los historiadores han sostenido durante décadas que, cuando las aldeas se transformaban en ciudades, la desigualdad crecía casi por inercia. Una clase reducida de gobernantes, reyes y sacerdotes se apropiaba de los recursos y ensanchaba la brecha entre ricos y pobres. Mohenjo-daro parece contar una historia diferente.

Casas que se parecían cada vez más

Para medir la desigualdad, el equipo liderado por el doctor Adam Green analizó el tamaño de las viviendas a lo largo de la ciudad, usando la superficie de cada casa como un indicador aproximado de riqueza. Cuanto más se parecen los hogares entre sí, más repartido estaba el bienestar entre la población.

Los números respaldan la idea. En conjunto, la ciudad obtuvo un coeficiente de Gini de 0,44, por debajo de urbes como Ur o Ugarit, que superaban el 0,6. Pero lo más llamativo aparece al mirar la evolución en el tiempo, ya que en un sector muy estudiado la desigualdad cayó hasta un 0,23 hacia el 2100 a.C., un nivel propio de comunidades pequeñas y agrícolas.

En lugar de oro y palacios, Mohenjo-daro invirtió en desagües revestidos de ladrillo, calles bien trazadas y un sistema estandarizado de pesos y medidas que mantenía un comercio justo. Hasta los sellos del Indo usados en el intercambio aparecían en casas comunes y no en edificios de poder, señal de que nadie monopolizaba la autoridad comercial.

Una lección incómoda para el presente

El hallazgo cuestiona la idea de que la desigualdad sea un precio inevitable del progreso. Según los investigadores, en los periodos de menor brecha la productividad de la ciudad parecía aumentar, no caer, lo que desmonta la creencia de que prosperar exige concentrar el poder en unos pocos.

Green lo resume como una enseñanza para las sociedades actuales. La civilización del Indo demuestra que una sociedad urbana puede ser tecnológicamente avanzada e innovadora a gran escala y, al mismo tiempo, repartir recursos y poder de forma equitativa. De hecho, los autores sospechan que ese reparto pudo ser la clave para sostener su prosperidad durante siglos.

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