La inesperada muerte de una joven loba costera en el sureste de Alaska a finales de 2020 encendió las alarmas. El ejemplar, de solo cuatro años y parte de un estudio de depredación, presentaba un misterio.
"Pasamos bastante tiempo intentando averiguar la causa de su muerte", relata Gretchen Roffler, bióloga investigadora del Departamento de Pesca y Caza de Alaska. La necropsia y análisis de tejidos revelaron algo impactante.
"Lo que finalmente apareció fueron concentraciones de mercurio realmente sin precedentes en el hígado, los riñones y otros tejidos de este lobo", explicó Roffler. Este hallazgo motivó una investigación más profunda.
Roffler contactó al Dr. Ben Barst, experto en ecotoxicología de la Universidad de Calgary. Juntos, y con otros científicos, publicaron sus hallazgos en la revista Science of The Total Environment.
La conclusión principal es alarmante: los lobos que se alimentan predominantemente de nutrias marinas presentan concentraciones de mercurio mucho más elevadas que aquellos cuya dieta se basa en presas terrestres como ciervos y alces.
El mercurio, explica Barst, es un elemento natural. Sin embargo, actividades humanas como la quema de carbón y la minería de oro a pequeña escala lo liberan de la corteza terrestre al medio ambiente.
"Es un metal muy peculiar", dice Barst, ya que a temperatura ambiente se encuentra en estado líquido o vapor. "Cuando entra en la atmósfera en su forma elemental, puede viajar distancias muy largas".
Una vez en ambientes acuáticos, este mercurio puede convertirse en metilmercurio, una forma orgánica. "Esta forma de mercurio se mueve con bastante eficiencia a través de la red trófica", advierte el ecotoxicólogo.
Por ello, "puede alcanzar altas concentraciones en depredadores que interactúan con las redes tróficas acuáticas", lo que explica los niveles en los lobos con dieta marina.
La investigación comparó lobos de Pleasant Island, en el Panhandle de Alaska, con poblaciones del continente adyacente y del interior del estado. "Las concentraciones más altas son los lobos de Pleasant Island", confirma Barst.
La población continental, por ejemplo, se alimenta principalmente de alces y solo ocasionalmente de alguna nutria marina. Los investigadores aún exploran los múltiples factores exactos que impulsan estas altas concentraciones en la isla.
El papel exacto del mercurio en la muerte de la loba Nº 202006 aún no está completamente claro. No obstante, años de datos recopilados por Roffler muestran un hecho contundente: el 70 por ciento de la dieta de los lobos de la isla son nutrias marinas.
"Están comiendo tantas nutrias marinas que reciben una dosis más alta de mercurio que se acumula con el tiempo", afirma Barst. Esta bioacumulación es una seria preocupación para la salud de estos depredadores.
Roffler añade que este fenómeno de lobos alimentándose de nutrias marinas podría ser más extendido de lo que se pensaba. Ya hay indicios en otras poblaciones de lobos en Alaska y también en la Columbia Británica, Canadá.
"Al principio me sorprendió que estuviera ocurriendo", confiesa la bióloga. Aún no se sabe si las nutrias marinas de las costas de la Columbia Británica también contienen niveles elevados de mercurio.
Existe además un vínculo potencial con el cambio climático, específicamente con el deshielo de los glaciares en Alaska. "Sabemos que los glaciares pueden liberar una enorme cantidad de mercurio", señala Barst.
"En la costa de Alaska, los glaciares se están derritiendo a uno de los ritmos más rápidos del mundo". Al derretirse, liberan el lecho rocoso particulado, y parte de este contiene mercurio.
El destino final de este mercurio liberado es incierto. Podría quedar enterrado en los sedimentos o, preocupantemente, estar disponible para su conversión en metilmercurio y así entrar en la cadena alimentaria acuática.
"Eso es parte de lo que estamos investigando ahora", concluye Barst, destacando la complejidad de este problema ambiental emergente.
Basado en información publicada en la revista científica Science of The Total Environment