Durante décadas, los científicos sabían que en Marte había existido agua. Las imágenes orbitales mostraban valles erosionados, antiguos cauces y sedimentos que delataban el paso de ríos. Pero faltaba una pregunta clave: ¿esos ríos formaban sistemas organizados, grandes cuencas capaces de mover agua y nutrientes como ocurre en la Tierra?
Un nuevo trabajo de la Universidad de Texas en Austin acaba de responderlo por primera vez. Investigadores han logrado reconstruir un mapa global de los mayores sistemas de drenaje del Marte antiguo, revelando 16 cuencas fluviales de gran escala que pudieron ser puntos clave para la habitabilidad del planeta.
El estudio, publicado en PNAS, combinó años de datos aportados por redes de valles, lagos secos, cañones y depósitos de sedimentos mapeados por distintas misiones espaciales. Timothy Goudge y Abdallah Zaki, autores del trabajo, unieron todos esos fragmentos como si fueran un rompecabezas hasta reconstruir las rutas por donde circuló el agua hace miles de millones de años. Según sus conclusiones, algunas cuencas superaban los 100.000 kilómetros cuadrados, un tamaño similar al de las grandes cuencas terrestres.
Para los científicos, esta escala no es un detalle menor. En la Tierra, los grandes sistemas fluviales son motores biológicos: transportan nutrientes, conectan ecosistemas y generan ambientes donde la vida se expande con facilidad. El enorme caudal del Amazonas o la amplitud del Indo son ejemplos claros. En Marte, estos sistemas habrían cumplido un papel similar en una época en la que el planeta albergaba lluvias, ríos y posiblemente lagos profundos.
Aunque estas cuencas representan apenas un 5% del terreno marciano más antiguo, concentran alrededor del 42% del material erosionado por el agua. Esa proporción sugiere que fueron zonas de intensa actividad hídrica y química, lugares en los que futuras misiones podrían encontrar rastros de procesos relacionados con la vida, si es que existió. Cuanto más largo es un sistema fluvial, más tiempo tiene el agua para reaccionar con las rocas y generar compuestos interesantes desde el punto de vista biológico.
El trabajo también resalta algo que distingue a Marte de la Tierra: la falta de tectónica de placas. Nuestro planeta posee montañas en movimiento, fallas activas y una geología dinámica que organiza los ríos y define grandes cuencas. Marte, en cambio, es un planeta estático, sin placas móviles que remodelen su superficie. Eso explica por qué sus redes de drenaje suelen aparecer muy fragmentadas, como piezas sueltas sin conexión clara entre sí. Precisamente por ello, reconstruir sistemas grandes había sido una tarea difícil hasta ahora.
Con el nuevo mapa, los investigadores esperan guiar futuras búsquedas de señales de vida pasada. Las cuencas más extensas podrían ayudar a decidir dónde enviar rovers, qué sedimentos analizar y dónde podrían haberse acumulado sustancias químicas relevantes. Para Goudge, estos resultados también son claves de cara a las futuras misiones robóticas o incluso humanas, ya que permiten entender qué regiones tuvieron actividad hídrica intensa y podrían guardar secretos del antiguo Marte.
El planeta rojo sigue siendo un territorio lleno de preguntas. Pero con este primer mapa de sus grandes sistemas fluviales, su historia empieza a aclararse. Marte no solo tuvo agua: tuvo ríos organizados, extensos y capaces de transformar paisajes enteros, un elemento indispensable para entender si alguna vez fue un mundo habitable.
Fuente: Jackson School of Geosciences