Las rocas de color claro que Perseverance ha ido encontrando en su camino por el cráter Jezero no eran un simple detalle visual. Ahora sabemos que son fragmentos de caolinita, una arcilla blanca rica en aluminio que, en la Tierra, solo se forma tras millones de años de lluvia persistente y un clima cálido y húmedo. Este hallazgo, liderado por investigadores de la Universidad de Purdue y publicado en Communications Earth & Environment, añade nueva evidencia a un debate clave: el Marte antiguo pudo haber sido más parecido a un entorno tropical de lo que imaginábamos.
La caolinita es uno de los indicadores más exigentes de agua abundante. En nuestro planeta aparece principalmente en selvas tropicales, zonas donde las lluvias son constantes y las rocas se van “lavando” lentamente hasta perder casi todos los minerales excepto los más resistentes. Que un material así aparezca en Marte, un mundo frío, árido y sin lluvia actual, implica que su pasado tuvo que ser muy distinto.
Los fragmentos detectados por Perseverance varían desde pequeños guijarros hasta rocas de mayor tamaño. Su composición coincide con la de arcillas formadas por lixiviación prolongada a bajas temperaturas, el tipo de proceso que en la Tierra solo ocurre cuando el agua de lluvia actúa durante miles o millones de años. En palabras del investigador principal Adrian Broz, “cuando ves caolinita en Marte, sabes que allí hubo mucha más agua de la que existe hoy”.
El cráter Jezero, donde aterrizó Perseverance en 2021, albergó en el pasado un lago enorme alimentado por un río que formó un delta bien conservado. Pero esta caolinita presenta un misterio adicional: no existe un afloramiento claro cercano que explique su origen. Las rocas parecen estar dispersas sin un punto de procedencia evidente. Según los investigadores, pudieron llegar arrastradas por el antiguo río, o quizá fueron expulsadas al cráter tras un impacto y quedaron repartidas por la superficie.
La comparación con muestras de la Tierra —procedentes de California y Sudáfrica— reforzó la conclusión: la firma química es prácticamente idéntica. Además, el equipo descartó la posibilidad de que la caolinita marciana hubiera surgido por procesos hidrotermales, ya que este tipo de formación deja rastros distintos en la roca.
Lo que sí parece claro es que estas arcillas son una cápsula del tiempo. Guardan información del clima marciano de hace miles de millones de años y ayudan a reconstruir cómo un planeta que hoy es frío y seco pudo haber sido mucho más cálido, húmedo y capaz de mantener agua líquida durante largos periodos.
El hallazgo también tiene implicaciones para la búsqueda de vida pasada. En la Tierra, los climas tropicales son algunos de los más fértiles y diversos. Si Marte tuvo regiones donde llovió durante millones de años, esos lugares habrían sido entornos habitables ideales para formas de vida simples.
Para Briony Horgan, científica de la misión Perseverance, la lectura es clara: “Estas rocas son evidencia de un clima antiguo más cálido y húmedo en Marte. Y si hubo lluvia persistente, hablamos de condiciones realmente favorables para la vida”.
A medida que el rover siga avanzando por Jezero y analizando nuevos fragmentos, será posible precisar si estas rocas provienen de un antiguo afloramiento perdido, de corrientes fluviales o de un evento catastrófico. Por ahora, lo que dejan claro es algo fundamental: Marte fue, en algún momento remoto, un planeta mucho más vivo de lo que su superficie actual sugiere.
Fuente: Purdue University