Las plantas de tratamiento de aguas residuales contaminan mucho más de lo que creíamos. Casi el doble. Lo dice un estudio de la Universidad de Princeton publicado en Nature Water. Y el hallazgo es importante porque revela una fuente de gases de efecto invernadero que se había subestimado. Toca revisar las políticas ambientales del sector.
Mark Zondlo y Z. Jason Ren lideraron el equipo de Princeton Engineering que midió las emisiones en 96 plantas de Estados Unidos. Montaron un laboratorio móvil con sensores láser y se pusieron a medir. ¿Qué encontraron? Que estas instalaciones lanzan 1,9 veces más óxido nitroso y 2,4 veces más metano de lo que dice la Agencia de Protección Ambiental.
Las plantas de aguas residuales serían responsables del 2,5% de las emisiones de metano del país. Y del 8,1% de las de óxido nitroso. Son gases potentes para el calentamiento global. Entre los dos representan más del 20% del calentamiento que se ha registrado desde 1850.
Zondlo señaló algo clave: las emisiones se concentran en pocas plantas. Eso es bueno porque ofrece una oportunidad clara. "Si mejoramos las instalaciones más contaminantes, podríamos reducir gran parte del impacto total", explicó. Y agregó que la gente suele fijarse en la calidad del agua, pero no en los gases que sueltan las plantas cuando tratan el agua.
Para el estudio usaron un vehículo eléctrico que bautizaron como "Experimento de Química Atmosférica de Princeton". Ese coche recorrió más de 80.000 kilómetros en 14 meses. Tomaron muestras alrededor del perímetro de cada planta en distintas épocas del año. Así capturaron datos reales, no solo resultados de laboratorio.
Los investigadores encontraron que las variaciones de temperatura, humedad o lluvias intensas pueden cambiar las emisiones de gases. La antigüedad de los equipos también influye. Y los procesos biológicos son distintos en cada planta, porque dependen de microbios que producen metano y óxido nitroso cuando tratan el agua.
El trabajo de Princeton da una visión más completa de cómo los sistemas de saneamiento afectan al cambio climático. Entender estas emisiones es clave si queremos diseñar estrategias para reducir su impacto. Y según los autores, también abre la puerta a usar esos gases como fuente de energía renovable.