Australia se convirtió en diciembre de 2025 en el primer país del mundo en prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. Medio año después, un primer análisis de datos lanza un jarro de agua fría, ya que apenas hay pruebas de que la medida haya reducido el uso de estas plataformas entre los adolescentes a los que pretendía proteger.
El estudio, publicado en la revista The BMJ, llega en un momento delicado, justo cuando varios gobiernos de Europa y Norteamérica estudian copiar el modelo australiano y crece el debate sobre si basta con prohibir o si hace falta rediseñar las plataformas. La conclusión es incómoda, porque la ley existe sobre el papel, pero en la práctica los jóvenes la están sorteando sin demasiado esfuerzo.
Qué midió el estudio
Los investigadores encuestaron a 408 adolescentes australianos de entre 12 y 17 años sobre sus hábitos, una vez justo antes de que entrara en vigor la norma y otra tres meses después. La ley obliga a plataformas como TikTok, Instagram, YouTube, Snapchat, Facebook y X a impedir que los menores de 16 tengan cuenta.
Los números hablan solos. Más del 85% de los participantes menores de 16 seguía usando esas redes en el seguimiento, la mayoría a través de sus propias cuentas. El uso diario apenas se movió entre los de 12 y 13 años y bajó solo un poco entre los de 14 y 15, del 78% al 69%.
Ese matiz es revelador al cruzarlo con el otro extremo de edad. Entre los mayores de 16, ya con acceso permitido, el uso incluso creció del 80% al 89%, como si la prohibición previa no hubiera dejado huella alguna en los hábitos una vez levantada la barrera.
Cuentas falsas, selfies y modo incógnito
La clave está en lo fácil que resulta saltarse el control. De los menores que toparon con algún sistema de verificación, los más comunes eran simplemente declarar la edad uno mismo o subir un selfie, métodos poco fiables que pocas veces los detuvieron de verdad.
Para esquivarlos, los adolescentes echaron mano de trucos sencillos. Casi uno de cada cinco admitió usar una cuenta falsa y alrededor de uno de cada diez navegaba en modo incógnito. Curiosamente, las VPN, el método que muchos esperaban, no fueron la vía principal de evasión.
Un aviso para el Reino Unido y otros países
El hallazgo cobra especial peso porque llega apenas una semana después de que el primer ministro británico, Keir Starmer, anunciara su intención de implantar un veto idéntico para los menores de 16 en el Reino Unido. El estudio australiano funciona, en la práctica, como un primer test de realidad para esa clase de políticas.
No es un caso aislado. Un documento de trabajo de la Universidad de Chicago, basado en una muestra mayor de 746 adolescentes, apunta en la misma dirección sobre el incumplimiento. Y un sondeo previo en Australia ya indicaba que seis de cada diez chicos de 12 a 15 años que tenían cuenta seguían accediendo a alguna pese a la prohibición.
El patrón que dibujan todos estos datos juntos es difícil de ignorar. Allí donde se mire, una parte enorme de los adolescentes sigue dentro de las redes, lo que sugiere que el problema no es de un país concreto, sino de cómo están diseñadas las plataformas para retener a los menores.
Lo que el estudio no puede afirmar todavía
Aun así, los autores piden cautela. La muestra es pequeña, se limita a un único estado australiano, se basa en lo que los propios chicos declaran y solo cubre tres meses, factores que afectan a su alcance. Sobre todo, midió el uso de las redes, no su efecto en la salud mental, que era el fin último de la ley.
Esa distinción es la clave de fondo. Como resume el editorial que acompaña al trabajo, no hay que confundir si una política es eficaz con si está bien aplicada, porque una evasión tan extendida impide juzgar todavía su verdadero potencial sin un seguimiento más largo y amplio.