¿Es posible que las matemáticas, más allá de números y fórmulas, sean un puente entre la ciencia y la espiritualidad? Esta es la provocadora idea planteada por Martin Nowak, profesor de matemáticas y biología de la Universidad de Harvard, durante el reciente congreso anual de la Sociedad de Científicos Católicos en Washington D.C. Su tesis central: las matemáticas son eternas, atemporales y nos abren una puerta hacia la comprensión de Dios y la realidad última.
Inspirado en la filosofía de San Agustín, Nowak defendió que las matemáticas no solo existen en la mente humana, sino que forman parte de una verdad absoluta y universal. Según citó, “juzgamos las matemáticas en la verdad mediante un criterio que está dentro de nosotros. Esa es, por supuesto, la doctrina de la iluminación divina. San Agustín dice: ‘Esto es posible porque Dios es el maestro del alma’”.
Para Nowak, aceptar que las matemáticas son eternas implica un cambio de visión: se abandona el materialismo puro y se reconoce la existencia de una dimensión espiritual y trascendente. En su ponencia, llegó a comparar la experiencia matemática con la del amor: “Experimentamos las matemáticas como experimentamos el amor. Nos dicen quiénes somos, quién es el otro y de qué estamos hechos. Las matemáticas nos permiten ver a Dios”.
El vínculo entre matemáticas y biología también fue central en su exposición. Nowak explicó cómo desde el crecimiento de las hojas en una planta hasta la secuencia del ADN, todo en la vida obedece patrones matemáticos. La biología, sostiene, no solo está hecha de células y moléculas, sino también de relaciones y proporciones numéricas que reflejan la belleza y el orden subyacente del universo.
Además, el profesor de Harvard subrayó que “las leyes de la evolución son objetos matemáticos”, y que tanto la física como la química están escritas en el mismo lenguaje. Para él, esta estructura matemática compartida revela una realidad mucho más profunda que la mera materia: una especie de “verdad eterna” que trasciende el tiempo y conecta con la idea de lo divino.
En su reciente libro Within, Nowak va aún más lejos y sugiere que la vida emerge precisamente porque responde a leyes matemáticas inmutables. Así como los átomos y las estrellas obedecen patrones, también los organismos vivos reflejan ese orden universal, lo que lleva al científico a afirmar que “la evolución nos conecta con una realidad eterna subyacente, con una verdad absoluta”.
El concepto matemático de infinito fue otro de los puntos destacados: Nowak relacionó la imposibilidad de agotar las matemáticas con la eternidad que proclama el pensamiento religioso. “Nunca terminaremos con las matemáticas, porque lleva una eternidad conocer a un ser infinito, a Dios”, reflexionó ante los asistentes al congreso.
La postura de Nowak no está exenta de controversia. Sin embargo, pone sobre la mesa el debate sobre si la ciencia y la espiritualidad son realmente irreconciliables, o si existen puentes –como las matemáticas– que permiten un diálogo más profundo entre el asombro científico y la búsqueda de sentido trascendente.