La Electrodinámica Cuántica (QED) se erige como la teoría más precisa y rigurosamente comprobada de la física. Describe con asombrosa exactitud todos los fenómenos electromagnéticos, desde la luz hasta las interacciones entre partículas cargadas.
Su éxito es tal que cualquier mínima desviación en sus predicciones podría significar la apertura a una "nueva física". Por ello, los científicos buscan constantemente formas de someterla a pruebas cada vez más exigentes.
La QED detalla cómo los electrones, por ejemplo, interactúan intercambiando fotones "virtuales". También considera cómo un electrón interactúa consigo mismo o con el "vacío", que según esta teoría, está lejos de estar vacío, lleno de partículas virtuales efímeras.
Una vía crucial para estas pruebas de alta precisión es la medición del "factor g" del electrón. Este valor relaciona el momento angular intrínseco del electrón (su espín) con sus propiedades magnéticas.
La teoría de Dirac predice un factor g de exactamente 2 para un electrón libre. Sin embargo, las sutiles interacciones QED modifican ligeramente este valor, y medir esa desviación es un test fundamental. Estos efectos se magnifican en los intensos campos eléctricos cercanos a núcleos atómicos pesados.
Investigadores del Instituto Max Planck de Física Nuclear en Heidelberg, Alemania, han realizado una nueva medición de este tipo. Se centraron en el factor g del electrón más externo en un ion de estaño "similar al litio" (Sn⁴⁷⁺), un sistema con un electrón de valencia y dos electrones internos.
Paralelamente, se llevaron a cabo cálculos teóricos QED ab initio de gran complejidad. Estos consideran todas las interacciones electromagnéticas fundamentales dentro del ion, incluyendo los efectos de la estructura electrónica y el apantallamiento QED.
Para refinar aún más la predicción, los teóricos incorporaron contribuciones QED de "dos bucles" (interacciones más complejas). Utilizaron datos de mediciones recientes en estaño similar al hidrógeno, adaptándolos al caso del estaño similar al litio.
Esto resultó en una predicción teórica "mejorada experimentalmente" para el factor g de gth = 1.980 354 797(12), donde la cifra entre paréntesis es la minúscula incertidumbre teórica.
La parte experimental se desarrolló en la trampa criogénica de Penning ALPHATRAP. Dentro de esta trampa, un campo magnético ultra intenso confina el ion de estaño y provoca dos movimientos clave.
Uno es el movimiento característico del propio ion dentro del campo. El otro es la precesión (un tipo de bamboleo) del espín del electrón externo, similar a una peonza magnética.
El factor g se extrae ingeniosamente de la relación entre la frecuencia del movimiento del ion y la frecuencia de precesión del espín. Este método elimina la necesidad de conocer el valor exacto del campo magnético con una precisión inalcanzable.
El movimiento del ion se detecta mediante diminutas señales eléctricas inducidas en los electrodos de la trampa. Para determinar la frecuencia de precesión del espín, se introduce radiación de microondas en la trampa.
Cuando la frecuencia de las microondas coincide resonantemente con la frecuencia de precesión, puede inducir un "salto de espín". Esto significa un cambio en la orientación del espín del electrón (que solo puede estar "arriba" o "abajo").
Al contar la tasa de estos saltos de espín a diferentes frecuencias de microondas, los científicos pueden determinar con exactitud la frecuencia de precesión.
El resultado experimental del factor g para el ion de estaño similar al litio fue gexp = 1.980 354 799 750. Este valor tiene asociadas diversas incertidumbres (estadísticas, sistemáticas y externas).
Las incertidumbres externas, dominadas por la incertidumbre de la masa iónica del estaño, son las que actualmente limitan la precisión experimental global. Aun así, la precisión general de la medición es extraordinaria: 0,5 partes por mil millones.
De manera crucial, el valor experimental concuerda muy bien con la sofisticada predicción teórica, dentro de la incertidumbre del cálculo. Este acuerdo representa un nuevo y sólido respaldo para la validez de la QED en condiciones extremas.
Los investigadores señalan que es factible mejorar la precisión de la masa iónica en más de un orden de magnitud. Esto, a su vez, mejoraría la precisión del factor g experimental, lo que motivaría nuevos avances en los cálculos teóricos.
En el futuro, se planean mediciones en sistemas similares al litio aún más pesados, como el 208Pb79+. Esto, junto con el progreso esperado en los cálculos QED de dos bucles, proporcionará pruebas todavía más rigurosas de la teoría en el régimen de campos eléctricos ultra fuertes.
Los métodos teóricos avanzados desarrollados para estos cálculos de efectos QED interelectrónicos también tienen aplicaciones más amplias. Pueden usarse para calcular el factor g de iones más complejos (similares al boro o al carbono) o para estudiar transiciones atómicas que no conservan la paridad y otros efectos sutiles.
Cada uno de estos experimentos de alta precisión no solo pone a prueba los límites de nuestro conocimiento, sino que también refina las herramientas con las que exploramos las leyes fundamentales del universo.
Fuente: Basado en información publicada en Max Planck Institut