La Dra. Mary Livingston es un referente de la investigación marina internacional y un ejemplo de perseverancia en la ciencia pesquera. Su carrera, narrada en primera persona en el editorial “Mi historia de amor con el mar”, es testimonio de cuatro décadas de entrega absoluta al océano, la investigación y la defensa de la sostenibilidad de los recursos marinos.
Originaria del Reino Unido, Livingston se trasladó a Nueva Zelanda como estudiante de posgrado en 1976, estableciéndose en uno de los rincones más remotos y salvajes del planeta. Allí encontró su vocación, primero como joven científica pesquera y, más tarde, como líder en la gestión y monitoreo de los ecosistemas oceánicos de la región.
En sus inicios, la presencia femenina en la ciencia marina era mínima. Las décadas de 1970 y 1980 estuvieron marcadas por barreras culturales y profesionales que dificultaban la igualdad de oportunidades. Según Livingston, las científicas debían demostrar constantemente su valía a bordo de los barcos y en las instituciones científicas, enfrentando prejuicios y polarización entre la industria pesquera y la conservación.
A pesar de las dificultades, Mary Livingston nunca renunció a su vocación. Recuerda con especial admiración la solidaridad entre las pocas mujeres del sector, quienes se apoyaban mutuamente en cada expedición científica. La cooperación y la inteligencia emocional fueron, según relata, herramientas clave para sortear los retos en el mar y lograr resultados rigurosos en la investigación.
Las condiciones materiales tampoco facilitaban el trabajo. El buque de investigación “James Cook”, por ejemplo, era inadecuado para la costa neozelandesa, por lo que se optó por alquilar embarcaciones internacionales, enfrentando desafíos culturales y lingüísticos adicionales. Sin embargo, estas experiencias reforzaron el carácter del equipo y permitieron ampliar la perspectiva científica.
Con el paso de los años, la situación comenzó a cambiar. Livingston destaca la mejora en la gestión laboral, la introducción de políticas de igualdad y la creación de infraestructuras como guarderías en los centros de investigación, medidas que permitieron una mayor conciliación y acceso profesional para las mujeres en la ciencia pesquera.
La Dra. Livingston también reflexiona sobre los problemas actuales del sector, la falta de financiación para la investigación, la dificultad para garantizar la sostenibilidad de las poblaciones de peces y la ausencia de compromiso político para abordar los límites biológicos de la pesca extractiva. Subraya la necesidad de integrar derechos indígenas, ciencia, industria, acuicultura y pesca recreativa en una visión de gestión holística.
Hoy, ya jubilada, Livingston sigue conectada con el mar. Reside en la costa sur de Wellington, Nueva Zelanda, donde observa el estrecho de Cook y documenta, cámara en mano, los caprichos del clima marino. Su pasión por el océano y la vida silvestre permanece intacta, y su legado inspira a nuevas generaciones de científicas y defensores de la sostenibilidad.
La historia de la Dra. Mary Livingston es la de una mujer que desafió estereotipos, superó adversidades y demostró que la dedicación al conocimiento y la naturaleza puede transformar la vida de una persona y dejar una huella profunda en la protección del planeta.
Fuente: Frontiers