Mundo
Publicado:

WhatsApp queda completamente bloqueado en Rusia y el Kremlin impulsa una alternativa estatal

Rusia ejecutó el bloqueo total de WhatsApp y redirige a millones de usuarios hacia una aplicación respaldada por el Estado. La medida refuerza el giro del Kremlin hacia una infraestructura digital bajo control interno.

4 min lectura
Logo de WhatsApp sobre la bandera de Rusia con alambre de espino

Rusia ha dado un paso que llevaba meses insinuando: el bloqueo total de WhatsApp en su territorio. La aplicación de mensajería, propiedad de Meta, dejó de estar disponible para los usuarios rusos después de que el Kremlin la acusara de incumplir la legislación local.

La decisión afecta a más de 100 millones de personas en el país, donde WhatsApp era uno de los servicios de mensajería más utilizados junto a Telegram. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, justificó la medida asegurando que Meta no mostró voluntad de adaptarse a las normas rusas y sugirió a los ciudadanos migrar hacia MAX, una aplicación respaldada por el Estado.

El bloqueo no llegó de un día para otro. Desde agosto de 2025, las autoridades ya habían restringido las llamadas a través de WhatsApp y otras plataformas extranjeras. En diciembre, el regulador de comunicaciones Roskomnadzor anunció nuevas limitaciones progresivas, argumentando que estos servicios eran utilizados para fraudes y actividades que el gobierno califica como terroristas. En noviembre, incluso se había advertido públicamente que la aplicación podría ser prohibida por completo si no cumplía con la ley rusa.

El trasfondo va más allá de una disputa técnica. Moscú lleva años promoviendo una infraestructura digital “soberana”, en la que las plataformas extranjeras deben almacenar datos localmente, abrir oficinas en el país y facilitar acceso a la información cuando las autoridades lo requieran. Meta ya había sido declarada organización extremista en Rusia, y los tribunales habían multado repetidamente a WhatsApp por no retirar contenidos considerados prohibidos.

Desde la compañía estadounidense, la reacción fue inmediata. Meta sostuvo que el bloqueo busca empujar a los usuarios hacia una aplicación estatal y advirtió que aislar a millones de personas de un canal de comunicación privada reduce la seguridad, en lugar de fortalecerla. La empresa había denunciado previamente que el gobierno ruso intentaba bloquear por completo el servicio.

En la práctica, el cierre se reflejó en aspectos técnicos concretos: algunos dominios asociados a WhatsApp desaparecieron del registro nacional, lo que impidió que los dispositivos dentro de Rusia recibieran las direcciones necesarias para conectarse. Desde diciembre, muchos usuarios solo podían acceder mediante redes privadas virtuales (VPN), una solución que ahora se perfila como la única vía para quienes quieran seguir usando la aplicación.

La propuesta oficial es MAX, descrita por el Kremlin como un mensajero nacional en desarrollo que integra distintos servicios públicos. Sin embargo, organizaciones críticas temen que pueda convertirse en una herramienta de vigilancia. Las autoridades lo niegan y aseguran que la plataforma busca simplificar la vida digital de los ciudadanos.

En Moscú, la reacción fue dispar. Algunos ciudadanos expresaron molestia por lo que consideran una limitación a la libertad de elección. Otros dijeron que simplemente migrarán a alternativas disponibles. También hubo quienes afirmaron que intentarán mantener el acceso a WhatsApp mediante VPN mientras sea posible.

El bloqueo confirma una tendencia más amplia: Rusia continúa reduciendo la presencia de plataformas tecnológicas extranjeras dentro de sus fronteras. Facebook, Instagram, Snapchat y YouTube ya enfrentan restricciones. En un contexto marcado por la guerra en Ucrania y el endurecimiento del control interno, el espacio digital se ha convertido en otro terreno estratégico.

La salida de WhatsApp no solo altera la rutina de millones de usuarios. Refuerza un modelo en el que el Estado busca controlar directamente las principales vías de comunicación. La pregunta que queda abierta es cuánto margen tendrán los ciudadanos para decidir cómo y con quién se comunican en ese nuevo entorno digital.

Fuentes:

Compartir artículo

Continúa informándote