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AES Andes retira el proyecto INNA tras las alertas por daños a los telescopios de Paranal

El desierto de Atacama alberga algunos de los telescopios más potentes del planeta y depende de un recurso escaso: la oscuridad absoluta. Por eso, la cancelación de un gran complejo industrial previsto cerca del observatorio de Paranal ha sido recibida como una victoria por la comunidad científica.

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Cerro Paranal bajo la Vía Láctea con el Very Large Telescope en la cima
Crédito: A. Ghizzi Panizza/ESO.

El megaproyecto industrial INNA, previsto a pocos kilómetros del Observatorio Paranal, no seguirá adelante. La energética AES Andes anunció la cancelación de la iniciativa, una decisión que fue recibida con alivio por la comunidad astronómica internacional, que advertía de riesgos graves para uno de los cielos más limpios del planeta.

El complejo, orientado a la producción de hidrógeno y amoníaco verdes, iba a instalarse cerca de las instalaciones del Observatorio Europeo Austral (ESO) en el desierto de Atacama. Para los científicos, la ubicación era el problema central: no se cuestionaba la transición energética, sino el impacto de un polo industrial de gran escala junto a infraestructuras diseñadas precisamente para evitar cualquier interferencia humana.

Paranal alberga algunos de los instrumentos ópticos más avanzados del mundo, como el Very Large Telescope (VLT), su interferómetro y el futuro Extremely Large Telescope. Estas instalaciones dependen de condiciones muy específicas: oscuridad extrema, estabilidad del aire y ausencia de vibraciones. Incluso pequeñas alteraciones pueden degradar la calidad de las observaciones astronómicas.

Un análisis técnico previo realizado por ESO concluyó que el proyecto INNA habría introducido contaminación lumínica, polvo, microvibraciones y mayor turbulencia atmosférica. En términos prácticos, eso significaba imágenes menos nítidas, pérdida de sensibilidad y, en el peor escenario, daños irreversibles a la capacidad científica del observatorio. Para telescopios que cuestan miles de millones y operan durante décadas, el riesgo no era menor.

La compañía comunicó que abandona el plan para concentrarse en otras inversiones renovables. Aunque no se detallaron todos los motivos, la presión científica, institucional y social fue creciendo desde que el proyecto ingresó al sistema de evaluación ambiental chileno. Investigadores y ciudadanos defendieron que el desarrollo energético puede convivir con la astronomía, siempre que se respete una distancia suficiente entre infraestructuras.

Desde el observatorio, el mensaje ha sido claro: la descarbonización es necesaria, pero no a costa de sacrificar un patrimonio natural único. El entorno de Cerro Paranal ofrece alrededor de 300 noches despejadas al año y niveles mínimos de interferencia lumínica, condiciones difíciles de replicar en cualquier otro lugar del mundo. Esa ventaja explica por qué Chile concentra tantas infraestructuras astronómicas internacionales.

La cancelación de INNA también reabre un debate más amplio sobre la protección legal de los cielos oscuros. Para la comunidad científica, no basta con evaluar proyectos caso por caso: se necesitan zonas de resguardo permanentes alrededor de los observatorios para evitar conflictos futuros. La experiencia demuestra que recuperar la oscuridad perdida es casi imposible.

Por ahora, Paranal mantiene intacta su principal fortaleza: mirar el Universo desde uno de los lugares más silenciosos y transparentes de la Tierra. Con el proyecto fuera del mapa, los astrónomos confían en que el desierto de Atacama siga siendo durante décadas la mejor ventana terrestre hacia el cosmos.

Fuente: ESO

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