Identifican la capa de magma que mantiene inactivo al supervolcán Yellowstone
Un estudio reveló la capa de magma que regula la presión del supervolcán Yellowstone y evita una erupción catastrófica
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
Ubicado en el corazón del Parque Nacional de Yellowstone, el supervolcán más monitoreado del planeta ha dado una nueva pista sobre su comportamiento. Investigadores de varias universidades estadounidenses han localizado una estructura profunda de magma parcialmente fundido que actúa como “tapa” natural, permitiendo que el sistema volcánico respire sin explotar. Este hallazgo, publicado en la revista Nature, ayuda a explicar por qué Yellowstone, a pesar de su potencial destructivo, se mantiene inactivo desde hace 640.000 años.
El equipo de vulcanólogos y sismólogos utilizó una técnica innovadora basada en ondas sísmicas generadas por un camión de casi 24 toneladas. Este vehículo provocó temblores controlados que, al propagarse a través de la corteza terrestre, permitieron obtener imágenes de alta resolución del interior del volcán. La metodología, tomada del ámbito petrolero, reveló una capa situada a unos 3.8 kilómetros de profundidad, con propiedades físicas distintas al resto de la caldera.
Según los autores, esta capa de magma no está completamente fundida. Se trata de una matriz rocosa porosa, impregnada con silicatos derretidos y burbujas de vapor de agua. Esta estructura permite el escape gradual de gases volátiles, evitando que se acumule presión explosiva en el sistema. En palabras de Chenglong Duan, autor principal del estudio, “es como si Yellowstone respirara lentamente por una válvula de seguridad natural”.
La presencia de este “tapón dinámico” concuerda con las observaciones térmicas e hidrotermales de la región: géiseres, fumarolas y fuentes termales que liberan gases magmáticos sin desencadenar una erupción. Esta filtración continua de gases alivia el sistema de manera silenciosa pero efectiva, explicando por qué Yellowstone no ha mostrado signos alarmantes de reactivación volcánica, pese a sus frecuentes microsismos.
El supervolcán de Yellowstone tiene un historial geológico impresionante. Ha registrado tres supererupciones en los últimos 2,1 millones de años. La más reciente, ocurrida hace 640.000 años, formó la vasta caldera actual, de más de 70 kilómetros de diámetro. Un nuevo evento de esa magnitud arrojaría miles de kilómetros cúbicos de ceniza y material volcánico a la atmósfera, desencadenando un “invierno volcánico” global con efectos devastadores para el clima y la agricultura.
Por eso, cualquier información que permita entender su comportamiento interno es crucial. “Hemos conseguido una imagen clara de la parte superior del depósito magmático”, explicó Brandon Schmandt, coautor del estudio. “Encontrar un reflector sísmico tan marcado fue inesperado, y confirma que hay una acumulación significativa de magma intercalado con gas en esa zona”.
El descubrimiento ofrece una nueva línea de defensa científica: monitorear el equilibrio entre el magma y los gases puede ser clave para predecir futuros cambios de comportamiento. Los expertos insisten en que, por ahora, no hay signos de una erupción inminente. No obstante, el supervolcán sigue siendo una de las amenazas geológicas más serias del hemisferio occidental.
Este avance tecnológico marca un hito en la vulcanología moderna. Por primera vez, se ha podido visualizar con nitidez una estructura de control interna en un sistema volcánico de alta presión. La ciencia no puede evitar que Yellowstone despierte algún día, pero ahora tiene una mejor idea de cómo respira mientras duerme.
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