Cada 16 de septiembre el mundo conmemora el día internacional de la preservación de la capa de ozono. La fecha fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1994, en recuerdo de la firma del Protocolo de Montreal en 1987, un tratado histórico que logró unir a todos los países en la defensa de este frágil escudo atmosférico.
La capa de ozono se localiza en la estratósfera, entre los 15 y 35 kilómetros de altura, y contiene cerca del 90% de todo el ozono de la atmósfera. Su función es vital, absorbe la radiación ultravioleta dañina del sol y permite que la vida en la Tierra se desarrolle sin exposición directa a rayos letales.
Por qué fue necesario el Protocolo de Montreal
En la década de 1980 los científicos detectaron una alarmante reducción del ozono sobre la Antártida, lo que se popularizó como el “agujero de ozono”. Este fenómeno estaba vinculado al uso de sustancias químicas como los clorofluorocarbonos (CFC), presentes en refrigerantes, aerosoles y espumas sintéticas, que destruían las moléculas de ozono en la estratósfera.
El descubrimiento encendió las alarmas globales porque implicaba un aumento de radiación ultravioleta sobre la superficie terrestre, con riesgos graves para la salud humana, la biodiversidad y los ecosistemas marinos. En respuesta, 197 países firmaron el Protocolo de Montreal, el único acuerdo ambiental universal ratificado por todas las naciones.
Este tratado obligó a reducir y eliminar gradualmente la producción y consumo de casi 100 sustancias dañinas para el ozono. Con el paso de los años, la cooperación internacional ha permitido la recuperación paulatina de la capa y la prevención de millones de casos de cáncer de piel y cataratas.
El agujero de ozono y sus efectos
El agujero de ozono no es un vacío literal, sino una disminución significativa en la concentración de ozono por debajo de los 220 unidades Dobson. Durante la primavera antártica, entre septiembre y noviembre, la pérdida puede alcanzar hasta un 70% de los niveles normales en esa región.
La reducción de ozono incrementa la radiación ultravioleta que llega a la superficie terrestre. Esto provoca más casos de cáncer de piel, enfermedades oculares y debilitamiento del sistema inmunológico en humanos. También afecta a animales, plantas y microorganismos, y daña los ciclos biológicos de los océanos.
Además, muchas de las sustancias que destruyen el ozono son potentes gases de efecto invernadero, lo que significa que también contribuyen al cambio climático. Su eliminación ha representado una doble victoria, la recuperación de la capa y la reducción de emisiones que calientan el planeta.
Éxitos y retos hacia el futuro
Gracias al Protocolo de Montreal, se ha eliminado alrededor del 99% de las sustancias que dañan la capa de ozono. La comunidad científica estima que el agujero de la Antártida podría cerrarse hacia 2060 si se mantienen las políticas actuales.
Los beneficios del acuerdo son enormes, se calcula que ha evitado 2 millones de casos de cáncer de piel al año, ha ahorrado billones de dólares en gastos de salud y ha prevenido la emisión de más de 130 mil millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente.
En 2016, el Protocolo se fortaleció con la Enmienda de Kigali, que busca reducir gradualmente los hidrofluorocarburos (HFC), gases que no dañan el ozono pero que son muy potentes en el calentamiento global. Esto demuestra que la cooperación internacional sigue siendo clave en la lucha ambiental.
Acciones ciudadanas para proteger la capa
Aunque los acuerdos internacionales son fundamentales, las acciones individuales también contribuyen. Entre ellas, optar por productos libres de CFC, reducir el consumo energético, elegir transporte público o bicicleta, y mantener aparatos de refrigeración en buen estado para evitar fugas de químicos dañinos.
Cada pequeño gesto suma. El día internacional de la capa de ozono no solo recuerda un tratado exitoso, también invita a reflexionar sobre el poder colectivo de la humanidad para enfrentar desafíos globales cuando hay voluntad política y social.