Los venenos más letales de la historia y sus consecuencias
Durante siglos, el arsénico fue el rey de los venenos, y por buenas razones para quien quería usarlo: era barato, fácil de conseguir y, sobre todo, casi indetectable. No tiene apenas sabor, se disuelve bien en comida y bebida, y sus síntomas —vómitos, calambres, fallo orgánico— se confundían con facilidad con un cólera o una enfermedad común. Hasta el siglo XIX, un envenenamiento por arsénico era prácticamente un asesinato perfecto.