El cerebro podría convertir una decisión en hábito mucho más rápido de lo esperado
Durante más de un siglo, la explicación clásica sobre los hábitos ha sido bastante sencilla: repetimos una acción muchas veces, el cerebro la refuerza poco a poco y, con el tiempo, deja de exigirnos tanta atención. Así automatizamos rutinas útiles, desde atarnos los cordones hasta conducir por una ruta conocida.