La formación de nubes en el Ártico está siendo influida por un factor hasta ahora poco considerado: la escorrentía fluvial procedente del norte de Rusia. Así lo concluye un estudio internacional liderado por investigadores de la Universidad de Birmingham, que analizó cómo la materia orgánica transportada por los ríos altera la composición de la atmósfera ártica y contribuye a la generación de partículas en suspensión.
El trabajo se centra en regiones del Círculo Polar Ártico que habían sido escasamente estudiadas, especialmente en Siberia, donde grandes ríos descargan enormes volúmenes de agua dulce directamente en el océano. Estas aguas transportan material biológico como restos vegetales, nutrientes y microorganismos que pasan a formar parte del sistema marino.
Según los investigadores, esta materia orgánica libera gases una vez alcanza el océano Ártico, favoreciendo la formación de aerosoles atmosféricos. Estas diminutas partículas actúan como núcleos sobre los que se condensa el vapor de agua, un paso clave para que se formen las nubes.
El análisis combinó casi una década de datos procedentes del observatorio meteorológico de Tiksi, situado en el delta del río Lena, con información obtenida mediante observaciones satelitales. Esta combinación permitió seguir el comportamiento de las masas de aire cuando se desplazan sobre aguas ricas en materia biológica procedente de la escorrentía fluvial.
Los resultados muestran que, en presencia de este aporte fluvial, las partículas de aerosol se forman hasta tres veces más rápido y crecen de manera significativamente más eficiente. El aumento en el número de estas partículas favorece la aparición de nubes más brillantes y persistentes, capaces de reflejar una mayor cantidad de radiación solar.
Este tipo de nubes tiende a enfriar la superficie, ya que dificulta la formación de precipitaciones y prolonga su permanencia en la atmósfera. En un entorno tan sensible como el Ártico, estos procesos pueden tener un impacto relevante en el equilibrio térmico regional.
Los autores subrayan que este mecanismo había sido en gran medida ignorado en los modelos climáticos actuales, a pesar de que el Ártico se está calentando varias veces más rápido que el resto del planeta.
Para los científicos, incorporar el papel de la materia orgánica fluvial en los modelos permitirá mejorar las predicciones sobre la evolución del hielo marino y el comportamiento climático del Ártico en un escenario de calentamiento global acelerado.
Fuente: Nature