Por qué el permafrost es uno de los grandes riesgos silenciosos del clima
El permafrost encierra un peligro silencioso del cambio climático: al descongelarse libera gases que pueden acelerar el calentamiento global y agravar sus efectos a escala planetaria.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
2 min lectura
Durante miles de años, el permafrost ha permanecido congelado bajo las regiones más frías del planeta, actuando como un gigantesco almacén natural de carbono. En su interior quedaron atrapados restos de plantas y animales que nunca llegaron a descomponerse por completo. Hoy, ese equilibrio está empezando a romperse.
El aumento sostenido de las temperaturas en el Ártico está provocando el deshielo progresivo de estos suelos. Cuando el permafrost se descongela, los microorganismos vuelven a activarse y descomponen la materia orgánica acumulada, liberando dióxido de carbono y metano a la atmósfera. Este último es especialmente preocupante: aunque permanece menos tiempo en el aire que el CO₂, su capacidad para retener calor es mucho mayor en el corto plazo.
Las estimaciones científicas indican que el permafrost contiene más carbono del que hay actualmente en toda la atmósfera. Esto significa que su deshielo no es solo una consecuencia del cambio climático, sino también un factor que puede intensificarlo, creando un bucle difícil de detener: más calor provoca más deshielo, y más deshielo libera más gases de efecto invernadero.
Las consecuencias ya son visibles en regiones como Siberia o Alaska, donde el terreno comienza a hundirse y deformarse. Carreteras, viviendas y oleoductos construidos sobre suelo antes estable muestran grietas y daños estructurales. En algunos casos, comunidades enteras se ven obligadas a replantear su futuro ante la pérdida de seguridad del terreno.
A diferencia de otros impactos del cambio climático, el riesgo del permafrost avanza de forma lenta y poco visible. No genera imágenes espectaculares inmediatas, pero sus efectos pueden ser profundos y duraderos. Además, una vez que el carbono almacenado se libera, no existe una forma directa de volver a capturarlo a gran escala.
Por eso, organismos como el IPCC advierten de que el deshielo del permafrost podría dificultar el cumplimiento de los objetivos climáticos globales, incluso si se reducen de forma drástica las emisiones humanas.
El permafrost es, en definitiva, uno de los grandes riesgos silenciosos del clima: un recordatorio de que el sistema terrestre guarda mecanismos ocultos capaces de amplificar la crisis climática más allá de lo que percibimos en la superficie.
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