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Las temperaturas oceánicas volvieron a marcar un récord en 2025

El récord de calor registrado en los océanos durante 2025 no responde a un episodio aislado sino a una acumulación sostenida de energía que refleja la evolución real del calentamiento global.

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Superficie del océano con variaciones de color que sugieren acumulación de calor

En 2025, el océano acumuló más calor que en cualquier otro año desde que existen mediciones modernas. El dato no describe una anomalía puntual, sino una tendencia persistente que sitúa al océano como el principal registro del calentamiento global. Al almacenar la mayor parte del exceso de calor generado por los gases de efecto invernadero, su evolución ofrece una señal más estable y menos ruidosa que la temperatura del aire.

El análisis, publicado en Advances in Atmospheric Science, estima que el incremento de calor oceánico en 2025 fue de 23 zettajulios, una cantidad de energía que la fuente equipara a varias décadas del consumo energético mundial reciente. Esa comparación no busca dramatizar, sino ofrecer una escala comprensible de la magnitud del cambio que se está acumulando bajo la superficie marina.

La importancia del dato reside en el indicador utilizado: el contenido de calor oceánico, que mide cuánta energía se almacena en el agua a distintas profundidades. A diferencia de la temperatura superficial, este parámetro refleja la acumulación a largo plazo y reduce la influencia de variaciones meteorológicas de corto plazo. Por eso se considera una de las métricas más fiables para seguir la evolución del sistema climático.

Para llegar a sus conclusiones, el trabajo combina distintos conjuntos de datos observacionales y un reanálisis oceánico desarrollados por equipos de Asia, Europa y América. Aunque proceden de instituciones y metodologías distintas, todos coinciden en el mismo resultado: 2025 marca el nivel más alto de calor oceánico registrado hasta ahora, prolongando una secuencia de récords que se extiende durante los últimos nueve años.

El calentamiento, sin embargo, no se distribuye de forma uniforme. Aproximadamente un 16 % de la superficie oceánica alcanzó valores récord de contenido de calor en 2025, mientras que cerca de un tercio se situó entre los tres años más cálidos de sus respectivos registros. Las zonas más afectadas incluyen regiones tropicales, el Atlántico Sur, el Pacífico Norte y el océano Antártico, según detalla la fuente.

El aumento no es nuevo, pero sí más intenso desde la década de 1990. En los 2.000 metros superiores del océano, el contenido de calor ha crecido de manera sostenida durante décadas, con indicios de una ligera aceleración reciente. Este patrón refuerza la idea de que el océano no solo responde al calentamiento atmosférico, sino que lo integra y lo amortigua, al menos de forma temporal.

En la superficie, el panorama es algo distinto. La temperatura media anual del mar en 2025 fue la tercera más alta registrada por instrumentos y se mantuvo alrededor de 0,5 °C por encima del promedio de referencia de 1981–2010. Aun así, fue ligeramente inferior a la de 2023 y 2024, un descenso que la fuente atribuye principalmente a la transición de El Niño a La Niña en el Pacífico tropical.

Estas temperaturas superficiales importan porque influyen directamente en el clima. Un océano más cálido favorece una mayor evaporación y lluvias más intensas, lo que puede intensificar ciclones tropicales y otros fenómenos extremos. La fuente vincula estas condiciones con impactos registrados en 2025, como inundaciones en el Sudeste Asiático y en México, sequías en Oriente Medio y episodios extremos en el Pacífico Noroeste.

Conviene evitar una interpretación simplista. El récord de calor oceánico no implica que todos los efectos sean inmediatos ni idénticos en todas las regiones, ni que la temperatura superficial siga una trayectoria lineal año a año. El propio análisis distingue entre la señal profunda y acumulativa del océano y las variaciones más sensibles a la dinámica climática interanual.

Lo que queda firmemente establecido es que, mientras continúe el aumento del calor en el sistema terrestre, el océano seguirá acumulando energía y marcando nuevos máximos. El trabajo desplaza el foco desde episodios aislados hacia una realidad más estructural: el océano funciona como archivo del calentamiento global y, al hacerlo, condiciona la subida del nivel del mar, la persistencia de olas de calor y la intensidad de los fenómenos extremos que afectan a tierra firme.

Fuente: Springer Nature Link

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