El cometa interestelar 3I/Atlas completó esta semana su mayor acercamiento a la Tierra, un evento poco común que permitió a los astrónomos observar de cerca un objeto formado fuera del Sistema Solar. Aunque pasó a cientos de millones de kilómetros de nuestro planeta, su trayectoria ofreció una ventana única para estudiar materiales procedentes de otras estrellas.
El momento más favorable para su observación ocurrió durante la madrugada del 19 de diciembre, cuando el cometa cruzó una región cercana a la constelación de Leo. En ese punto, se desplazó cerca de Régulo, la estrella más brillante de la zona, manteniéndose a una distancia de unos 274 millones de kilómetros de la Tierra, muy lejos de cualquier riesgo.
A pesar de tratarse de su máximo acercamiento, el 3I/Atlas no fue visible a simple vista. Su seguimiento dependió de telescopios profesionales y observatorios espaciales, que permitieron registrar su brillo, velocidad y trayectoria con mayor precisión. Según la NASA, las imágenes más cercanas se obtuvieron semanas antes, cuando el cometa pasó relativamente cerca de Marte.
El objeto fue detectado por primera vez el 1 de julio por el sistema ATLAS, una red diseñada para identificar asteroides potencialmente peligrosos. Desde entonces, su recorrido ha sido monitoreado por múltiples instrumentos, incluidos el telescopio espacial James Webb y otros observatorios gestionados por agencias espaciales internacionales.
El 3I/Atlas es apenas el tercer objeto interestelar confirmado que atraviesa el Sistema Solar. Antes de él, los astrónomos identificaron a ‘Oumuamua en 2017 y al cometa Borisov en 2019. Cada nuevo visitante de este tipo aporta pistas valiosas sobre cómo se forman los sistemas planetarios más allá del entorno solar.
Los datos disponibles indican que el núcleo del cometa mide al menos unos cientos de metros, aunque podría alcanzar varios kilómetros de diámetro. Su tamaño exacto sigue siendo incierto, ya que la envoltura de gas y polvo dificulta las mediciones directas del núcleo sólido.
Uno de los rasgos más llamativos del 3I/Atlas es su velocidad. Cuando fue descubierto, se desplazaba a más de 220.000 kilómetros por hora, alcanzando su máximo al aproximarse al Sol. Esa velocidad, demasiado alta para quedar atrapada por la gravedad solar, confirma su origen interestelar.
Las simulaciones sugieren que el cometa procede de una región de la Vía Láctea mucho más antigua que el Sistema Solar. Esto lo convierte en un objeto especialmente interesante, ya que podría conservar información química de entornos estelares formados hace miles de millones de años.
Aunque ya se encuentra en ruta de salida, los astrónomos continuarán siguiendo al 3I/Atlas durante las próximas semanas. Su despedida marca el cierre de una breve pero valiosa oportunidad científica para estudiar, desde cerca, un visitante que no volverá a pasar por nuestro vecindario cósmico.