Electrificación masiva y emisiones persistentes: lo que no se cuenta de la transición energética
Electrificar el consumo final es una herramienta potente para reducir emisiones, pero confundir electrificación con descarbonización lleva a diagnósticos incompletos y a políticas que no resuelven el problema de fondo.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
En política y medio ambiente se escucha a menudo el lema “electrificar todo” (mover el consumo final a electricidad). Sin embargo, electrificar la economía no garantiza por sí sola la descarbonización. Para lograr cero emisiones hay que acompañar la electrificación con electricidad limpia y otras soluciones en sectores difíciles. Como explica Enagás, hoy día la electricidad representa solo ~20 % de la demanda energética final a nivel mundial. El 80 % restante corresponde a transporte, calefacción y procesos industriales, donde predominan gases y combustibles fósiles. Incluso si electrificáramos todo, harían falta fuentes renovables adicionales para generar esa electricidad extra.
Un análisis de Gas for Climate (citado por Enagás) concluye que “la forma más eficiente de descarbonizar” combina electricidad renovable con gases renovables (hidrógeno, biometano) para cubrir la matriz no eléctrica. Por ejemplo, el hidrógeno verde es una opción cuando el calor o la autonomía de la batería son limitaciones, pero electrificar el transporte terrestre (vehículos eléctricos) y los edificios (bombas de calor, estufas eléctricas) sigue siendo el camino más directo para reducir emisiones. De hecho, estudios sugieren que si se electrificara todo el consumo energético se usaría hasta un 40 % menos de energía en total, gracias a la eficiencia de la electricidad.
No obstante, “descarbonizar” es un concepto más amplio que “electrificar”. Por un lado, el éxito de la electrificación depende de que la electricidad provenga de fuentes limpias. Como advierten expertos, electrificar con electricidad sucia (diésel o carbón) solo trasladaría las emisiones al sistema eléctrico. Por otro lado, hay usos donde la electricidad no es la única solución: el acero o la química ya emplean hidrógeno o combustibles, el transporte marítimo y aéreo podrían usar hidrógeno o biocombustibles donde las baterías son inviables. Como concluye Proxima Energía, no hay que usar “electrificar” y “descarbonizar” como sinónimos. La electrificación masiva acelera la ruta hacia cero emisiones, pero para llegar allí completamente se necesita una estrategia mixta que incluya renovables en todos los sectores (tanto vía electricidad como vía hidrógeno/combustibles verdes).
Electrificar para reducir consumo
Los vehículos eléctricos y las bombas de calor son ejemplos de cómo reemplazar de inmediato sistemas fósiles por eléctricos permite ahorrar energía. Los estudios indican que, debido a su alta eficiencia, un calentador eléctrico puede necesitar menos energía que uno a gas para la misma calefacción, y un motor eléctrico es más eficiente que un motor de combustión de gasolina. Así, la electrificación es “el camino más rápido” para reducir emisiones globales, aunque implique reordenar redes y consumo. Además, la electrificación fomenta la innovación en redes inteligentes y almacenamiento.
Límites de la electrificación pura
Sin embargo, no todos los usos pueden electrificarse de manera práctica. Para largas distancias en aviones o barcos, las baterías siguen siendo muy pesadas. Para ciertos procesos industriales (como el vidrio o el acero), el calor eléctrico extremo no siempre está disponible. En estos casos, hidrógeno limpio, combustibles de síntesis o biocombustibles pueden ser más adecuados. Por ejemplo, un reciente estudio de Harvard señala que el hidrógeno se ha promocionado como la solución para sectores “difíciles”, pero al costo actual resulta muy caro en muchos casos. Esto no es un fracaso de la electrificación, sino un indicador de que la descarbonización exige múltiples tecnologías.
Electrificarlo todo y descarbonizarlo todo son objetivos estrechamente relacionados pero no idénticos. Una economía completamente electrificada reducirá drásticamente el uso de energía primaria, pero para que ese eléctrico sea realmente limpio hace falta que toda la generación pase a renovables. Por eso los expertos insisten en simultanear ambas tareas: avanzar en electrificación (baterías, redes, eficiencia) a la vez que se limpia la generación y se exploran alternativas (hidrógeno, biogás) en los sectores donde la electricidad por sí sola no basta. Solo así se logrará el ansiado objetivo de cero emisiones de la forma más rápida y eficiente posible.
Fuentes:
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