La prohibición del plomo en la gasolina funcionó: el cabello humano lo confirma
Las regulaciones ambientales rara vez ofrecen pruebas tan claras de que funcionan. Un nuevo estudio demuestra que la exposición al plomo en Estados Unidos se ha desplomado más de cien veces desde los años setenta, y la evidencia quedó registrada en algo inesperado: el cabello humano conservado durante generaciones.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
2 min lectura
Durante gran parte del siglo XX, el plomo formaba parte del paisaje cotidiano en Estados Unidos: salía de los tubos de escape, estaba en la pintura, en tuberías y en el polvo industrial. Hoy su presencia ambiental es mucho menor, y una nueva investigación sugiere que el rastro de ese cambio no solo está en el aire o en el suelo, sino también en algo tan personal como el cabello humano.
Científicos de la Universidad de Utah analizaron mechones de cabello conservados por familias del estado que abarcan cerca de un siglo. El objetivo era comparar la exposición al plomo antes y después de las regulaciones ambientales aplicadas tras la creación de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) en 1970.
Los resultados fueron claros: las muestras antiguas mostraban concentraciones hasta cien veces más altas que las actuales. Con el paso de las décadas, los niveles cayeron desde alrededor de 100 partes por millón hasta menos de 1 parte por millón, un descenso que coincide con la retirada del plomo de la gasolina, la pintura y otros productos.
El plomo es una neurotoxina que se acumula en los tejidos y puede afectar al desarrollo infantil incluso en dosis bajas. Aun así, durante años se utilizó de forma masiva por sus ventajas industriales, ya que mejoraba el rendimiento de los motores y hacía más duraderos muchos materiales, lo que prolongó su presencia en la vida cotidiana.
Para reconstruir la exposición histórica, el equipo aprovechó una particularidad local: muchas familias de Utah conservan recuerdos físicos de sus antepasados, incluidos mechones de cabello en álbumes antiguos. Mediante espectrometría de masas, los investigadores pudieron detectar el metal décadas después, ya que el plomo queda adherido a la superficie del cabello.
Más allá de la curiosidad científica, el mensaje es práctico. El descenso registrado demuestra que las regulaciones ambientales tienen efectos medibles en la salud pública. Lo que hoy parece una norma técnica puede traducirse, con el tiempo, en menos tóxicos en el cuerpo de millones de personas, algo que este estudio documenta de forma directa.
Fuente: The University of Utah
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