Las floraciones de algas nocivas se han convertido en un problema recurrente en muchas regiones del mundo. Estas proliferaciones pueden liberar toxinas, consumir oxígeno y obligar al cierre de playas, lagos y fuentes de agua potable. Tradicionalmente se han asociado al exceso de nutrientes procedentes de la agricultura o de vertidos urbanos.
Sin embargo, un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de California en San Diego apunta a un factor adicional: la contaminación por plásticos derivados de combustibles fósiles. Según los resultados, estos materiales pueden alterar la estructura de los ecosistemas acuáticos de una forma que favorece el crecimiento descontrolado de algas.
Para analizar este efecto, el equipo comparó durante tres meses el impacto de plásticos convencionales y plásticos biodegradables en una red de estanques experimentales. El objetivo no era observar solo la presencia de microplásticos, sino entender cómo estos materiales modifican las relaciones entre organismos dentro del agua.
Los resultados mostraron una diferencia clara. En los estanques expuestos a plásticos derivados del petróleo, las poblaciones de zooplancton —pequeños animales que se alimentan de algas— se redujeron rápidamente. Al desaparecer estos organismos reguladores, las algas encontraron condiciones ideales para expandirse sin control.
En cambio, los sistemas que contenían plásticos de origen biológico mostraron un impacto mucho menor sobre el zooplancton y el resto de la comunidad acuática. Aunque ningún material artificial es completamente neutro, los bioplásticos alteraron menos el equilibrio del ecosistema.
Este mecanismo introduce una nueva forma de entender las floraciones algales. No se trata solo de un proceso “de abajo hacia arriba”, impulsado por nutrientes, sino también de un efecto “de arriba hacia abajo”, en el que la pérdida de consumidores clave permite que las algas dominen el sistema.
Los investigadores también observaron cambios en las comunidades bacterianas asociadas a los distintos tipos de plástico, lo que sugiere que los microplásticos pueden modificar el funcionamiento microbiano del agua de formas todavía poco conocidas.
Aunque el estudio se realizó en entornos controlados, sus implicaciones son amplias. La presencia generalizada de microplásticos en ríos, lagos y zonas costeras podría estar contribuyendo silenciosamente a la degradación de la calidad del agua, más allá de los efectos visibles de la basura flotante.
Los autores subrayan que la transición hacia plásticos biodegradables no elimina todos los impactos ambientales, pero podría reducir de forma significativa los riesgos ecológicos asociados a la contaminación plástica. En un contexto de cambio climático y presión creciente sobre los recursos hídricos, entender estas interacciones se vuelve cada vez más urgente.
Fuente: UC San Diego Today