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Más de 70.000 lagos glaciares emergen con el calentamiento global

El retroceso acelerado de los glaciares está transformando el paisaje de las regiones de alta montaña y del Ártico. Donde antes dominaba el hielo, hoy aparecen miles de lagos nuevos que concentran enormes volúmenes de agua dulce y plantean preguntas clave sobre su uso y su protección.

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Lago represado por morrena bajo el glaciar Finger en Glacier Bay
Lago contenido por una morrena bajo el glaciar Finger en el Parque Nacional Glacier Bay, Alaska (2023). Crédito: Dr. Georg Veh.

En las últimas décadas, el deshielo provocado por el calentamiento global ha multiplicado la presencia de lagos glaciares en todo el planeta. Estas masas de agua se forman cuando los glaciares retroceden y dejan depresiones que se llenan con agua de fusión, alterando de forma profunda la hidrología de las regiones afectadas.

Un equipo de investigación liderado por la Universidad de Potsdam, en colaboración con la Universidad de Leeds, ha realizado el primer análisis global detallado de la distribución y el volumen de estos lagos. El estudio muestra que existen más de 71.000 lagos glaciares en todo el mundo y que su número y tamaño siguen creciendo a medida que se acelera la pérdida de hielo.

Medir directamente la profundidad de estos lagos es complejo y peligroso, ya que muchos se encuentran en zonas montañosas inestables. Por ello, los investigadores desarrollaron un método indirecto que permite estimar el volumen de agua a partir de datos conocidos de un número limitado de lagos medidos con precisión.

Según estas estimaciones, los lagos glaciares almacenan en conjunto alrededor de 2.000 kilómetros cúbicos de agua dulce, una cantidad que supera ampliamente el volumen de grandes lagos europeos. Sin embargo, esta reserva está distribuida de forma muy desigual: la inmensa mayoría de los lagos son pequeños y concentran solo una fracción mínima del volumen total.

Lago glacial reciente cerca de Terrace en Columbia Británica
Lago glacial de formación reciente cerca de Terrace, Columbia Británica, Canadá (2022). Crédito: Dr. Georg Veh.

De hecho, más del 80 % de los lagos glaciares tiene una superficie inferior a 0,1 kilómetros cuadrados y almacena menos del 1 % del agua global contenida en estos sistemas. En contraste, apenas unas decenas de lagos de gran tamaño concentran más de la mitad del volumen total de agua de deshielo. Esa concentración es clave para entender por qué el “potencial” de estos lagos no depende de su cantidad, sino de dónde están y cuánta agua reúnen.

El interés por estos lagos va más allá de la investigación científica. En algunas regiones se consideran posibles fuentes de agua potable, riego o energía hidroeléctrica, además de atractivos turísticos. No obstante, el potencial económico depende en gran medida de su localización y de la infraestructura disponible.

La mayor parte del volumen de agua almacenado en lagos glaciares se encuentra en zonas remotas como Groenlandia, Alaska y el Ártico canadiense, donde las dificultades logísticas limitan su aprovechamiento. En regiones más accesibles, como los Alpes europeos, el volumen total es mucho menor y el margen de crecimiento futuro es reducido.

Al mismo tiempo, estos lagos cumplen una función ecológica importante. Son ecosistemas jóvenes y dinámicos que evolucionan rápidamente, ya que reciben grandes cantidades de sedimentos de los ríos que los alimentan. Con el paso del tiempo, muchos lagos pequeños acabarán colmatándose y desaparecerán en escalas de siglos, lo que refuerza la idea de que no son reservas permanentes, sino sistemas transitorios.

Las simulaciones realizadas por los investigadores indican que, en algunas regiones, el volumen de los lagos glaciares podría disminuir de forma notable en los próximos siglos debido a este proceso de relleno natural. Esto añade otra capa al debate: no solo importa cuánto crecen hoy, sino cuánto duran y cómo cambian con el tiempo.

El estudio subraya la necesidad de gestionar los lagos glaciares como un bien público, equilibrando su posible uso económico con la conservación de ecosistemas frágiles. A medida que el deshielo avance, estas masas de agua se convertirán en un elemento clave para entender cómo el cambio climático redefine la disponibilidad de recursos naturales.

Fuente: University of Potsdam

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