Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero de 2026 introdujeron una nueva tensión en una región que concentra algunos de los corredores energéticos más importantes del planeta. Lo que empezó como un episodio militar localizado comenzó a trasladarse rápidamente hacia el comercio internacional, los mercados energéticos y las rutas marítimas que conectan el Golfo con el resto del mundo.
El primer impacto se reflejó en el petróleo. El crudo Brent, la referencia internacional para gran parte del comercio energético, llegó a subir hasta un 13% en las primeras operaciones del 2 de marzo y superó brevemente los 82 dólares por barril. La subida no responde a un corte confirmado del suministro, sino al riesgo de interrupciones en el transporte marítimo desde el Golfo Pérsico.
Los mercados energéticos reaccionan con rapidez a este tipo de señales porque Oriente Medio sigue siendo una de las zonas más sensibles para el equilibrio energético global. Aunque el suministro físico no haya cambiado todavía, los operadores incorporan al precio el riesgo geopolítico, algo que suele ocurrir cuando el conflicto se sitúa cerca de rutas clave para el comercio de petróleo y gas.
En el centro de esa preocupación está el Estrecho de Ormuz. Esta estrecha franja de mar entre Irán y Omán conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y es uno de los pasos más estratégicos del planeta para la energía. Por allí circula alrededor del 20% del petróleo mundial y una proporción similar del gas natural licuado, lo que significa que cualquier perturbación puede repercutir inmediatamente en los mercados globales.
Las señales de tensión ya se reflejan en la actividad marítima. Al momento de redactar el informe, cerca de 150 buques permanecían fondeados en la zona, entre ellos petroleros y barcos que transportan gas natural. Este tipo de acumulación suele indicar prudencia por parte de las navieras y de las compañías energéticas cuando existe incertidumbre sobre la seguridad de navegación o sobre posibles escaladas militares.
A la situación en las rutas marítimas se suman interrupciones en instalaciones portuarias. Varios puertos de Oriente Medio suspendieron operaciones después de ataques con drones, lo que añade presión sobre una red logística que ya se encuentra bajo vigilancia debido al aumento de las tensiones regionales.
Uno de los episodios más relevantes ocurrió en el puerto de Jebel Ali, en Dubái, uno de los centros de contenedores más activos del mundo. La empresa DP World informó que las operaciones se suspendieron tras un incendio provocado por una interceptación aérea, según informó el Financial Times.
Para las economías globales, el riesgo no se limita a la subida del petróleo. El transporte marítimo energético está profundamente integrado en las cadenas de suministro internacionales. Cuando surgen perturbaciones en rutas clave, el impacto puede trasladarse rápidamente a los precios de la energía, al coste del transporte y a múltiples sectores industriales.
Los analistas señalan que los países más vulnerables serían las economías importadoras de energía, especialmente en Europa y Asia. Un encarecimiento prolongado del petróleo y del gas puede alimentar presiones inflacionarias y generar nuevas tensiones en el comercio global, sobre todo si el transporte marítimo desde el Golfo se vuelve más inestable.
La evolución dependerá de cómo avance la situación militar en la región. Lo que ya muestra este episodio es que las tensiones geopolíticas en Oriente Medio siguen teniendo una capacidad inmediata para influir en el transporte marítimo energético, en los mercados del petróleo y, finalmente, en el funcionamiento del comercio mundial.