Las estelas de los aviones calientan el clima tanto como el CO₂ de la aviación
Un análisis climático muestra que las estelas de condensación de la aviación tienen un impacto comparable al CO₂ y podrían reducirse con cambios operativos
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
3 min lectura
La aviación lleva años en el punto de mira por sus emisiones de dióxido de carbono, pero un nuevo estudio científico pone el foco en un factor menos visible y hasta ahora infravalorado: las estelas de condensación que dejan los aviones al cruzar la atmósfera. Estas nubes artificiales, formadas a gran altitud, podrían estar calentando el clima tanto como el propio CO₂ emitido por el sector.
Las estelas aparecen cuando el vapor de agua de los motores se encuentra con aire muy frío y húmedo, formando finas nubes que pueden persistir durante horas. Aunque su vida es corta comparada con la del CO₂, su efecto climático es inmediato y puede ser intenso, ya que atrapan parte del calor que la Tierra irradia hacia el espacio.
El estudio señala que, en conjunto, el impacto de estas estelas sobre el calentamiento global es comparable al de todas las emisiones de dióxido de carbono de la aviación comercial. Esto rompe con la idea tradicional de que el principal problema climático de los aviones es únicamente el CO₂ y obliga a ampliar la mirada sobre cómo contribuye realmente este sector al cambio climático.
A diferencia del CO₂, que se acumula en la atmósfera durante décadas o siglos, las estelas actúan como un “calentador rápido”. Su efecto dura horas, pero mientras existen alteran el equilibrio energético del planeta. Por eso, aunque desaparezcan pronto, su contribución no es despreciable cuando millones de vuelos se repiten cada año.
Otro hallazgo clave es que no todos los vuelos generan el mismo impacto. Un pequeño porcentaje de trayectos, en condiciones atmosféricas concretas, produce la mayoría del calentamiento asociado a las estelas. Esto significa que el problema no está repartido de forma uniforme, sino concentrado en situaciones muy específicas.
Los investigadores sugieren que pequeños cambios en la planificación de rutas o en la altitud de vuelo podrían reducir de forma notable la formación de estelas persistentes. En algunos casos, desviar ligeramente un avión o modificar su nivel de crucero bastaría para evitar un impacto climático significativo, sin un gran aumento del consumo de combustible.
Eso sí, el estudio también reconoce importantes incertidumbres. La formación de estelas depende del tiempo atmosférico, que es variable y difícil de predecir con total precisión. Además, su efecto puede variar entre enfriamiento y calentamiento según la hora del día y la región, lo que complica la toma de decisiones simples.
Aun así, el mensaje es claro: si se quiere reducir de verdad la huella climática de la aviación, no basta con mirar al CO₂. Las estelas de los aviones son una pieza clave del problema y, al mismo tiempo, una oportunidad para actuar de forma más rápida y eficaz mientras llegan soluciones más profundas para descarbonizar el sector.
Fuente: Nature Communications
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