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Aumentan los puntos calientes oceánicos que favorecen ciclones tropicales extremos de categoría 6

El calentamiento profundo del océano está creando zonas favorables para ciclones tropicales cada vez más intensos, con vientos extremos que superan los límites actuales de clasificación

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

4 min lectura

Imagen satelital del tifón Haiyan aproximándose a Filipinas en 2013
Vista satelital del tifón Haiyan justo antes de alcanzar su máxima intensidad el 7 de noviembre de 2013, durante su aproximación a Filipinas. Crédito: NASA.

El océano está cambiando de una forma que empieza a tener consecuencias directas y peligrosas sobre el clima extremo. En distintas regiones del planeta, especialmente en el Pacífico occidental y el Atlántico norte, están apareciendo y expandiéndose zonas de aguas excepcionalmente cálidas que actúan como auténticos motores para los ciclones tropicales más intensos.

Estas áreas, conocidas como puntos calientes oceánicos, no solo elevan la temperatura de la superficie del mar, sino que concentran calor a gran profundidad. Este detalle es clave, porque permite que huracanes y tifones mantengan —e incluso aumenten— su fuerza durante más tiempo, acercándose a intensidades que algunos científicos ya proponen clasificar como categoría 6.

Los registros históricos muestran que los ciclones extremos no son nuevos, pero sí lo es la frecuencia con la que se están produciendo. En las últimas décadas, el número de tormentas con vientos muy por encima del umbral tradicional de categoría 5 ha aumentado de forma notable, coincidiendo con la expansión de estas zonas oceánicas anormalmente cálidas.

Qué son los puntos calientes oceánicos y por qué importan

Los puntos calientes oceánicos son regiones donde el agua del mar presenta temperaturas elevadas no solo en la superficie, sino también en capas profundas. A diferencia de otras zonas, el calor acumulado no se disipa fácilmente cuando una tormenta agita el océano.

En condiciones normales, un ciclón intenso suele enfriarse a sí mismo al remover aguas más frías desde el fondo hacia la superficie. Sin embargo, en estos puntos calientes ese mecanismo deja de funcionar, porque el agua sigue siendo cálida incluso a decenas de metros de profundidad.

Esto crea un entorno ideal para que los ciclones tropicales se intensifiquen rápidamente y mantengan vientos extremos durante más tiempo, aumentando el riesgo de impactos devastadores cuando se acercan a zonas costeras densamente pobladas.

El papel del cambio climático en los ciclones extremos

El calentamiento global está desempeñando un papel central en la expansión de estos puntos calientes. El aumento sostenido de la temperatura del océano, impulsado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero, explica una parte importante del crecimiento observado en estas regiones.

Los estudios más recientes sugieren que entre el 60 % y el 70 % de la expansión de estos focos de calor oceánico puede atribuirse directamente al cambio climático de origen humano, aunque la variabilidad natural del clima también influye.

Este proceso no garantiza que cada tormenta que se forme en estas zonas alcance una categoría extrema, ya que las condiciones atmosféricas siguen siendo determinantes. Aun así, eleva de forma clara la probabilidad de que aparezcan ciclones mucho más potentes que los registrados en el pasado.

El problema va más allá de la intensidad del viento. Estos sistemas también suelen traer lluvias torrenciales, marejadas más altas y un mayor potencial de destrucción, lo que complica enormemente la planificación y la respuesta ante desastres.

Algunos investigadores consideran que reconocer oficialmente una categoría 6 ayudaría a comunicar mejor el riesgo real de estas tormentas excepcionales y permitiría a gobiernos y comunidades prepararse para escenarios que ya no son teóricos, sino cada vez más frecuentes.

En un planeta donde el océano continúa absorbiendo gran parte del exceso de calor, los puntos calientes oceánicos se están convirtiendo en una señal de alerta clara: los límites conocidos de los ciclones tropicales están cambiando, y con ellos, los desafíos para la seguridad y la adaptación humana.

Fuente: AGU Newsroom

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