Un nuevo estudio ha desvelado un mecanismo poco conocido que limita la sedimentación de microplásticos y partículas finas en ecosistemas acuáticos. La combinación de biopelículas microbianas y vegetación acuática altera profundamente la forma en que estos contaminantes interactúan con el lecho de los ríos, humedales y zonas costeras. Esta dinámica invisible resulta esencial para entender tanto la dispersión de los microplásticos como la capacidad de los ecosistemas para autodepurarse.
Los microorganismos en ambientes acuáticos generan sustancias poliméricas extracelulares (EPS) que actúan como pegamento natural entre los granos de sedimento. El resultado es la formación de biopelículas que modifican la estructura del lecho, reduciendo la porosidad y, por tanto, la capacidad de retener partículas finas y microplásticos. Este efecto se amplifica cuando la vegetación está presente, ya que la turbulencia generada alrededor de tallos y raíces dificulta aún más la deposición de estos materiales.
El estudio, realizado en canales de laboratorio con lechos desnudos y vegetados, demostró que a mayor concentración de EPS, menor es la tasa de acumulación de partículas. En sedimentos abióticos, las partículas pueden esconderse entre los granos y quedar protegidas del arrastre. Sin embargo, cuando el lecho está recubierto de biopelícula, esos espacios porosos se rellenan y las partículas quedan más expuestas al flujo de agua, siendo fácilmente resuspendidas y transportadas aguas abajo.
La vegetación, por su parte, no solo aporta refugio y heterogeneidad al hábitat, sino que también incrementa la turbulencia a escala del tallo, creando vórtices que promueven la resuspensión y limitan la deposición neta de partículas. El efecto combinado de la biocohesión microbiana y la turbulencia vegetal genera una distribución espacial muy heterogénea de los microplásticos, impidiendo su acumulación estable en zonas vegetadas.
Estos hallazgos tienen implicaciones directas para la gestión y restauración de ecosistemas acuáticos. Entender el papel de los microorganismos y la vegetación permite prever dónde se acumularán —o no— los microplásticos y diseñar estrategias de restauración más eficaces, por ejemplo, favoreciendo la presencia de especies vegetales que maximicen la turbulencia o fomentando la actividad microbiana para reducir la retención de contaminantes.
Además, el mecanismo de biocohesión ayuda a explicar por qué en algunos manglares, marismas y humedales se detecta menor acumulación de microplásticos en los sedimentos respecto a zonas abiertas o desprovistas de vegetación. La clave no está solo en la capacidad de filtración física, sino en la interacción dinámica entre biopelículas, estructura del lecho y movimiento del agua.
La investigación también advierte que, si bien las biopelículas dificultan la deposición a corto plazo, a largo plazo los microplásticos atrapados pueden quedar fuertemente adheridos al sedimento y ser menos susceptibles a la resuspensión, lo que plantea nuevos desafíos para su remoción ambiental. Por ello, urge profundizar en el estudio de estos procesos para anticipar la evolución de la contaminación por plásticos en sistemas acuáticos sometidos a restauración o a presión antrópica.
En síntesis, el papel de los microorganismos y las plantas acuáticas emerge como un escudo invisible que modula el destino de los microplásticos en los ríos y humedales, aportando nuevas herramientas para gestionar la contaminación y restaurar la funcionalidad ecológica de los sistemas acuáticos más amenazados del planeta.
Fuente: Geophysical Research Letters