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Las emisiones determinarán cuánto hielo perderá la Península Antártica antes de 2100

La Península Antártica se está calentando más rápido de lo previsto y lo que ocurra allí antes de 2100 marcará cuánto hielo se perderá y cuánto aumentará el nivel del mar global.

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Nunatak conocido como Manhaul Rock emergiendo en el glaciar de Signy
El nunatak denominado “Manhaul Rock” visible en el glaciar de Signy, una formación rocosa que décadas atrás apenas sobresalía del hielo. Crédito: Profesor Peter Convey.

Un estudio modela tres trayectorias de emisiones para la Península Antártica. La diferencia entre limitar el calentamiento o dejarlo escalar redefine el hielo, los ecosistemas y su influencia sobre el nivel del mar global. No es una discusión abstracta: son escenarios con consecuencias físicas medibles.

La investigación se centra en la Península Antártica, una de las zonas más sensibles al calentamiento. Allí, los científicos compararon tres escenarios para 2100: uno de bajas emisiones con 1,8 °C de aumento, otro intermedio-alto de 3,6 °C y un tercero extremo de 4,4 °C. No se trata de predicciones cerradas, sino de rangos posibles que dependen directamente de cuánto se reduzcan —o no— las emisiones en las próximas décadas.

En el escenario de bajas emisiones, el deterioro continúa, pero de forma más contenida. El hielo marino invernal sería ligeramente menor que el actual y la contribución de la península al nivel del mar se limitaría a unos pocos milímetros. Muchos glaciares seguirían siendo reconocibles y varias plataformas de hielo mantendrían su papel como estructura de contención, frenando el flujo de hielo hacia el océano.

La situación cambia en trayectorias de mayores emisiones. El Océano Antártico se calentaría más rápido y ese calor adicional erosionaría tanto el hielo marino como el hielo asociado a tierra. Cuanto más cálidas las aguas, mayor el riesgo de debilitamiento o colapso de plataformas de hielo, lo que acelera el avance de los glaciares hacia el mar y añade presión al nivel del mar global.

Musgos reexpuestos tras el retroceso del hielo en la Antártida
Musgos fotografiados en 2024 tras quedar nuevamente al descubierto después de permanecer cubiertos por hielo durante aproximadamente mil años. Crédito: Profesor Peter Convey.

Uno de los datos más claros es la posible reducción del 20 % del hielo marino en el escenario más alto. Esa pérdida no solo afecta al paisaje blanco, también altera la base de la cadena alimentaria. El kril, pieza clave para ballenas y pingüinos, depende de ese entorno helado para reproducirse y alimentarse, de modo que su disminución impacta en cascada.

Los modelos sugieren que, bajo emisiones muy altas, muchas especies tenderían a desplazarse hacia el sur buscando condiciones más frías. Sin embargo, el margen geográfico es limitado y no todas las especies pueden moverse o adaptarse al mismo ritmo. Si el kril se reduce o cambia su distribución, los pingüinos y otros depredadores enfrentan un problema que no se resuelve solo con tolerar temperaturas más altas.

Superar el umbral de 1,5 °C en esta región implica entrar en una dinámica donde las pérdidas se acumulan y se vuelven persistentes. En escenarios extremos, varios cambios serían irreversibles en escalas humanas. Regenerar glaciares o restablecer ecosistemas no es un proceso rápido; depende de condiciones climáticas estables durante largos periodos, algo que no está garantizado en trayectorias de 3,6 °C o 4,4 °C.

La relevancia no es solo local. Cambios en la Antártida influyen en el nivel del mar, en las corrientes oceánicas y en la circulación atmosférica que conecta hemisferios. La península puede parecer remota, pero su evolución forma parte del equilibrio global del sistema climático.

El estudio deja una conclusión sobria: aún existe margen para evitar los peores resultados, pero ese margen se reduce a medida que las emisiones se mantienen altas. La diferencia entre 1,8 °C y más de 3 °C no es retórica; determina cuánto hielo se preserva, cuánto se pierde y qué parte de esos cambios quedará fuera del alcance de futuras generaciones.

Fuente: Frontiers

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