¿Qué es una tormenta tropical y por qué algunas se convierten en huracanes?

Las tormentas tropicales son sistemas de baja presión con vientos intensos y lluvias torrenciales que, en algunos casos, evolucionan hasta convertirse en huracanes

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

5 min lectura

Nube densa de tormenta tropical acercándose a la costa
Créditos: Pixabay

Qué son las tormentas tropicales

Una tormenta tropical es un sistema atmosférico de baja presión que se desarrolla sobre océanos con aguas cálidas, caracterizado por vientos sostenidos de entre 63 y 118 kilómetros por hora y lluvias torrenciales. Estos sistemas forman parte del grupo de ciclones tropicales, junto con las depresiones y los huracanes, y pueden afectar zonas costeras e incluso penetrar tierra adentro, provocando daños considerables. A pesar de que su intensidad es menor que la de un huracán, sus efectos pueden ser igualmente peligrosos debido a inundaciones y vientos fuertes.

Su formación ocurre en regiones donde la temperatura superficial del mar supera los 26,5 °C, lo que permite una gran evaporación de agua y la liberación de calor latente al condensarse el vapor en la atmósfera. Este calor alimenta el sistema, fortaleciendo la circulación y permitiendo que las bandas nubosas giren alrededor de un centro bien definido. La combinación de humedad elevada, inestabilidad atmosférica y un bajo cizallamiento del viento es fundamental para que la tormenta se mantenga activa.

En América, el océano Atlántico y el Pacífico oriental son zonas propensas a estos fenómenos, especialmente entre junio y noviembre, que es la temporada oficial de ciclones tropicales. Durante este periodo, las tormentas tropicales son vigiladas de forma continua por el Centro Nacional de Huracanes (NHC, por sus siglas en inglés) y por los servicios meteorológicos locales para emitir alertas y reducir el riesgo a la población.

Cómo se forman y evolucionan

El origen de una tormenta tropical comienza con una perturbación atmosférica, como una onda tropical, que provoca inestabilidad en la región. La energía proviene de la evaporación constante del agua cálida del océano, que se eleva y se condensa formando nubes de gran desarrollo vertical. Este proceso libera calor, que a su vez refuerza el ascenso del aire y la circulación ciclónica en el hemisferio correspondiente.

A medida que el sistema se organiza, las nubes se disponen en bandas espirales alrededor del centro de baja presión, intensificando los vientos y las precipitaciones. Si las condiciones ambientales son favorables, la presión en el núcleo del sistema continúa disminuyendo y la tormenta gana fuerza rápidamente. Este desarrollo puede tomar desde horas hasta varios días, dependiendo de la temperatura del mar, la humedad ambiental y la ausencia de vientos en altura que interrumpan su estructura.

En su evolución, la tormenta tropical puede mantener su intensidad durante largos recorridos sobre el océano o degradarse si se encuentra con aguas frías o masas de aire seco. También puede intensificarse y convertirse en huracán si alcanza vientos sostenidos de 119 km/h o más, un punto de inflexión que marca una mayor capacidad destructiva.

Por qué algunas se convierten en huracanes

La clave para que una tormenta tropical se convierta en huracán es la disponibilidad continua de agua cálida y humedad en la atmósfera. Si la temperatura del mar se mantiene alta y no hay cizalladura del viento que interrumpa la formación de las nubes, el sistema puede intensificarse de forma sostenida. Este proceso está alimentado por el calor latente liberado durante la condensación, que genera una retroalimentación positiva.

En algunos casos, como ocurrió con el huracán Patricia en 2015, la intensificación puede ser explosiva, aumentando la velocidad del viento en más de 50 km/h en un solo día. Factores como la ubicación geográfica, la temporada y la interacción con otras perturbaciones atmosféricas determinan si la tormenta alcanzará la categoría de huracán y qué tan rápido lo hará.

Por esta razón, las autoridades meteorológicas mantienen una vigilancia constante de cualquier tormenta tropical que muestre señales de fortalecimiento, utilizando satélites, boyas oceánicas y aviones cazahuracanes para recopilar datos en tiempo real.

Diferencias entre tormentas tropicales y huracanes

La principal diferencia entre una tormenta tropical y un huracán radica en la velocidad del viento sostenido: en las tormentas es de 63 a 118 km/h, mientras que en los huracanes supera los 119 km/h. Este incremento implica no solo mayor fuerza de los vientos, sino también un potencial destructivo mucho mayor.

Otra diferencia notable es la estructura interna: los huracanes suelen desarrollar un ojo bien definido y paredes de nube intensamente convectivas, lo que los hace más organizados y peligrosos. En cambio, las tormentas tropicales, aunque potentes, suelen carecer de ese ojo claramente visible.

Cómo actuar ante la llegada de una

Ante la amenaza de una tormenta tropical, es vital seguir las alertas emitidas por las autoridades meteorológicas y tener listo un plan familiar de emergencia. Esto incluye rutas de evacuación, un punto de reunión y un kit con agua potable, alimentos no perecederos, medicamentos, linternas y baterías.

Durante el paso del fenómeno, se recomienda no salir de casa salvo que sea estrictamente necesario y evitar transitar por áreas inundadas, cauces de ríos o zonas costeras. También es importante desconectar aparatos eléctricos para prevenir accidentes por cortocircuitos o descargas.

Antes de la llegada de la tormenta, protege puertas y ventanas, asegura objetos sueltos en el exterior y revisa el estado del techo y desagües para evitar filtraciones. Estos pasos ayudan a minimizar daños y aumentar la seguridad.

Tras el paso de la tormenta, espera la confirmación oficial de que la zona es segura antes de regresar si fuiste evacuado. Haz una inspección cuidadosa de tu vivienda y reporta daños a las autoridades. Mantente alerta a posibles crecidas de ríos o réplicas de mal tiempo en los días posteriores.

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