A finales de 2025, los satélites de observación de la Tierra confirmaron el regreso de La Niña al Pacífico ecuatorial tras varios meses de condiciones neutras. El fenómeno, parte del ciclo natural El Niño–Oscilación del Sur, se manifiesta esta vez de forma débil, con un enfriamiento moderado de las aguas superficiales que ya es visible desde el espacio y que está siendo seguido de cerca por los científicos.
La Niña se produce cuando los vientos alisios se fortalecen y empujan las aguas cálidas de la superficie hacia el oeste, permitiendo que aguas más frías y profundas asciendan en el Pacífico oriental. Este proceso enfría amplias zonas del océano y altera el equilibrio habitual entre el mar y la atmósfera, influyendo en patrones climáticos a escala global.
Los datos más recientes, obtenidos por el satélite Sentinel-6 Michael Freilich, muestran niveles del mar ligeramente más bajos de lo normal en el Pacífico central y oriental. El agua fría es más densa y ocupa menos volumen que el agua cálida, por lo que estos descensos en el nivel del mar son una señal clara de la presencia de La Niña, incluso cuando el evento es débil.
Los científicos de la NASA y de la NOAA explican que este episodio comenzó a desarrollarse en septiembre de 2025 y se ha mantenido hasta diciembre. Aunque las temperaturas superficiales del mar se sitúan por debajo de la media, la intensidad del fenómeno es menor que en otros episodios recientes, lo que complica la predicción de sus efectos concretos en el clima.
El enfriamiento del Pacífico ecuatorial modifica el intercambio de calor y humedad con la atmósfera, lo que puede alterar las corrientes en chorro y los sistemas de lluvias en distintas regiones del planeta. En años típicos de La Niña, el suroeste de Estados Unidos suele registrar condiciones más secas, mientras que el noroeste experimenta precipitaciones más abundantes.
Sin embargo, cuando La Niña es débil, estos patrones no siempre se cumplen. Los expertos advierten que los impactos regionales pueden ser irregulares y difíciles de anticipar, ya que pequeñas variaciones en la temperatura del océano pueden dar lugar a respuestas atmosféricas muy distintas de un año a otro.
Con la ayuda de satélites actuales y de nuevas misiones que entrarán en funcionamiento en los próximos años, los investigadores seguirán vigilando la evolución de La Niña durante el invierno y la primavera de 2026. Aunque el enfriamiento observado es sutil, su seguimiento resulta clave para mejorar los pronósticos climáticos y comprender mejor cómo estos ciclos naturales influyen en el tiempo que experimentan millones de personas.