Las tortugas marinas verdes que llegan a las islas Ogasawara, en Japón, no solo transportan el rastro de sus largas migraciones, sino también señales claras de contaminación marina acumulada lejos de ese archipiélago. El análisis del contenido intestinal de varios ejemplares muestra que la ingestión de plástico no es un fenómeno local, sino el resultado de un problema que se extiende a lo largo de amplias regiones del océano.
El estudio examinó diez tortugas verdes capturadas en aguas de Ogasawara y detectó plásticos en 7 de 10. No se trató de hallazgos puntuales: el número medio de objetos ingeridos fue de 9,2 ± 8,5 por individuo, con un rango de 0 a 31. Estos datos sitúan la exposición al plástico como parte del entorno habitual de estas tortugas durante su ciclo, incluso en zonas alejadas de grandes centros urbanos.
Para estimar de dónde venían los plásticos y qué factores influyen en su ingestión, los investigadores combinaron análisis morfológicos y genéticos del contenido intestinal con análisis isotópicos y de plásticos. Este cruce de información permitió reconstruir la relación entre lo que comían, dónde se alimentaban y cómo podían haber incorporado residuos durante el desplazamiento hacia el sur.
En el momento de la captura, la fuente principal de alimento eran las macroalgas. El análisis de ADN vinculó las zonas de alimentación con tres lugares donde predominaban especies de algas preferidas por las tortugas (Ectocarpus crouaniorum, Sargassum muticum y Lobophora sp.). Además, los isótopos estables de carbono y nitrógeno, junto con el ADN, sugieren que durante la migración pudieron alimentarse también de algas a la deriva y plancton gelatinoso.
Un punto clave del hallazgo está en el tamaño del plástico ingerido. Los macroplásticos, con dimensiones entre 10 cm² y 1 m², representaron el 56,5 % del total de objetos. La fuente subraya que, aunque la mayoría de reportes en organismos marinos se concentran en microplásticos, en tortugas la ingestión incluye con frecuencia mesoplásticos y macroplásticos, considerados de mayor impacto negativo en organismos individuales.
A partir de estos resultados, los autores plantean que las tortugas probablemente ingirieron meso y macroplásticos asociados a algas grandes y flotantes, o los confundieron con organismos gelatinosos como medusas y salpas. El análisis de características impresas en los plásticos apunta a un origen que se extiende más allá del área de migración de los individuos analizados, lo que encaja con un escenario de contaminación transfronteriza.
El trabajo deja una conclusión práctica dentro de lo que permite el texto: la contaminación plástica que afecta a la tortuga verde en Ogasawara no se resuelve solo con medidas locales. La fuente insiste en que reducirla exige cooperación internacional y acciones que incluyan reducir la producción, el uso y la eliminación de productos plásticos, junto con investigación continua para seguir el rastro de estos residuos en el océano.
Fuente: PeerJ