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Artemis II afrontará el 19 de febrero su prueba decisiva antes del lanzamiento

La misión Artemis II se juega un paso clave antes de volver a enviar astronautas hacia la Luna. La NASA someterá al cohete SLS y a la nave Orion a una simulación completa de lanzamiento que servirá para validar el sistema antes de fijar la fecha oficial.

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Cohete SLS y nave Orión trasladados hacia la plataforma 39B en el Centro Espacial Kennedy
Crédito: NASA / Brandon Hancock.

El 19 de febrero la NASA realizará el ensayo general húmedo de Artemis II en el Centro Espacial Kennedy, una prueba que puede definir si la misión lunar mantiene su rumbo o si necesita ajustar el calendario. No será un despegue real, pero sí la simulación más completa de un lanzamiento con el cohete Space Launch System, y su resultado condicionará la revisión final de datos que debe desbloquear la fecha oficial.

La clave de este día está en que el programa Artemis llega a un punto donde ya no basta con que todo funcione sobre el papel. Artemis II es el primer vuelo tripulado de esta nueva etapa lunar, la misión que debe demostrar que la nave Orion, el SLS y todo el engranaje en tierra pueden operar como un sistema integrado antes de mandar astronautas a orbitar la Luna por primera vez desde la era Apolo. En ese contexto, un ensayo fallido no es un contratiempo menor, porque impacta directamente en la confianza del sistema y en el margen del calendario.

Un ensayo general húmedo es, en esencia, un lanzamiento sin despegar. Se llama así porque incluye el abastecimiento real de propelentes líquidos, en este caso hidrógeno líquido y oxígeno líquido superfríos, los mismos que se usarían el día del vuelo. Cargar estos fluidos es una de las fases más delicadas porque exige temperaturas extremas, conexiones estancas y un control fino del flujo para evitar fugas, bloqueos o lecturas erróneas en sensores. Si algo falla aquí, falla donde más cuesta recuperar tiempo.

La jornada del 19 de febrero está diseñada para recorrer el camino completo. Los equipos llenarán los tanques del SLS, ejecutarán una cuenta regresiva simulada y después vaciarán los depósitos, como si se tratara de una salida real que al final se detiene. La ventana de lanzamiento simulada se abrirá a las 20:30, con un margen de cuatro horas para completar la prueba, y la cuenta atrás se habrá puesto en marcha dos días antes con una secuencia de casi 50 horas.

Esa cuenta regresiva no es una coreografía rígida, sino un entrenamiento para gestionar lo que suele romper la rutina. En los minutos finales habrá pausas intencionales, pensadas para recrear el tipo de interrupciones que en un lanzamiento real pueden llegar por un problema técnico o por el tiempo. También se practicará el reciclaje del reloj, que consiste en volver atrás a un punto anterior de la cuenta regresiva para repetir procedimientos y asegurar que el equipo puede retomar el control sin improvisación.

Luna llena sobre el cohete SLS y la nave Orion en el Centro Espacial Kennedy
La Luna llena ilumina el cohete SLS y la nave Orion sobre el lanzador móvil en el Centro Espacial Kennedy, durante la madrugada del 1 de febrero de 2026. Crédito: NASA / Sam Lott.

Aunque la tripulación de Artemis II no participará en el ensayo, el día servirá para practicar operaciones que solo tienen sentido cuando todo está en modo lanzamiento. Entre ellas está el trabajo en la plataforma con la Orion, incluyendo el cierre de la escotilla, un paso crítico cuando hay astronautas implicados, aunque en este caso se haga como ejercicio de equipo y coordinación.

Este segundo ensayo llega además con un antecedente concreto que explica por qué la NASA lo trata como un examen real. En una prueba parcial previa se detectó un posible problema en el flujo de hidrógeno líquido, asociado a un componente del sistema de apoyo terrestre. Durante el fin de semana se reemplazó un filtro que se sospechaba que estaba restringiendo ese flujo y se reconectaron líneas para restablecer las condiciones adecuadas. El objetivo del ensayo del 19 es comprobar que la corrección funciona bajo el estrés completo de un abastecimiento total y una cuenta atrás prolongada.

Por eso, más que el procedimiento en sí, lo que está en juego es la capacidad de pasar de pruebas parciales a una ejecución completa sin sorpresas. La NASA ha sido clara en un punto. No anunciará una fecha oficial de lanzamiento hasta completar con éxito el ensayo general y revisar los datos. En ese escenario, el 6 de marzo aparece como la fecha más temprana posible, pero no como una promesa. Depende de que la prueba salga bien, de que el análisis posterior no arroje señales preocupantes y de que haya tiempo suficiente para preparar el cohete, la plataforma y la transición a operaciones de lanzamiento.

Artemis II tiene un peso simbólico y práctico difícil de separar. Simbólico porque marca el regreso de astronautas a una misión lunar, aunque sea en órbita y no con alunizaje. Práctico porque es el vuelo que debe validar que la arquitectura del programa Artemis está lista para ir más allá, con misiones futuras que dependen de esta demostración de fiabilidad. Cada decisión de calendario, por tanto, no solo mira a una fecha, sino a la credibilidad del programa ante su siguiente paso.

Si el ensayo del 19 de febrero confirma que el abastecimiento criogénico, la cuenta regresiva y los procedimientos de respuesta funcionan como se espera, la NASA estará más cerca de fijar su día de lanzamiento y de sostenerlo. Si aparecen nuevos problemas, el calendario se moverá por una razón simple. En Artemis II no se puede permitir que el primer vuelo tripulado de esta era lunar se apoye en suposiciones. El ensayo general húmedo es el filtro que separa la preparación real del deseo de llegar a tiempo.

Fuente: NASA

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