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Cómo la subida del petróleo influye en alimentos, transporte e inflación

El petróleo repunta por la tensión en Oriente Medio y vuelve a presionar el coste del combustible, los alimentos, el transporte y la inflación.

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Persona repostando combustible en una gasolinera
Créditos: iceebook.com

El precio del petróleo vuelve a colocarse en el centro de la economía mundial. La subida del crudo Brent, que llegó a superar los 126 dólares por barril antes de moderarse, ha encendido las alarmas por el impacto que puede tener mucho más allá de las gasolineras.

El movimiento está ligado a la tensión en Oriente Medio y al temor sobre el suministro, especialmente por la situación en el estrecho de Ormuz.. Antes de la escalada, el Brent rondaba los 70 dólares por barril. La diferencia muestra hasta qué punto los mercados energéticos reaccionan rápido cuando aparece el riesgo de interrupciones.

Una subida que empieza en el combustible

El primer efecto se nota en la gasolina y el diésel. El petróleo crudo es la base de ambos combustibles, así que cuando sube el precio mayorista, el golpe suele llegar relativamente rápido a los surtidores. Para conductores, transportistas y empresas de reparto, ese cambio se convierte en un coste inmediato.

Pero reducir el problema al precio del combustible sería quedarse corto. El petróleo sigue metido en buena parte de la economía diaria. Está detrás del queroseno de los aviones, de muchos plásticos, envases, productos químicos y fertilizantes. Cuando se encarece, la presión empieza a moverse por varias cadenas a la vez.

Ese es el efecto dominó que preocupa a los analistas. Si sube el crudo, también pueden encarecerse los fertilizantes. Si los fertilizantes cuestan más, producir alimentos se vuelve más caro. Y si transportar esos alimentos también cuesta más, el consumidor termina viendo parte de esa presión en el supermercado.

Alimentos, vuelos y transporte bajo presión

El transporte es una de las piezas más sensibles. Casi todo lo que se compra necesita moverse en algún momento: materias primas, alimentos, ropa, electrodomésticos o productos industriales. Cuando llenar un camión, un barco o un avión cuesta más, las empresas intentan absorber una parte, pero no siempre pueden hacerlo durante mucho tiempo.

Las aerolíneas también quedan expuestas. El combustible representa una parte importante de sus costes, y en un escenario de precios altos algunas compañías pueden subir tarifas, reducir rutas o ajustar su capacidad. Para el viajero, el impacto puede aparecer en billetes más caros o en menos opciones de vuelo.

En el campo, el problema llega por dos vías. Por un lado, sube el coste del transporte. Por otro, aumentan los precios de fertilizantes vinculados al petróleo y al gas. Además, las tensiones en los envíos de urea, un insumo clave para muchos agricultores, pueden añadir más presión si se mantienen en el tiempo.

La inflación vuelve a ganar fuerza

Cuando el encarecimiento se acumula en varios sectores al mismo tiempo, el problema deja de ser puntual. La energía más cara eleva los costes de fábricas, comercios, calefacción, transporte y distribución. La ropa, los alimentos o los aparatos electrónicos pueden acabar costando más no por una sola causa, sino por una suma de presiones.

Ahí entra la inflación. Si los precios suben de forma sostenida, los hogares pierden poder adquisitivo y los trabajadores pueden pedir salarios más altos para compensar. Los bancos centrales, a su vez, pueden responder con tipos de interés más elevados, lo que encarece hipotecas, préstamos y financiación empresarial.

La preocupación no afecta a todos los países por igual, pero el mecanismo es global. En economías que ya venían lidiando con inflación elevada, una nueva subida del petróleo puede añadir más presión sobre precios, transporte y alimentos.

Para los hogares, todo esto se traduce en decisiones concretas. Ir al trabajo cuesta más. Llenar la nevera pesa más en el presupuesto. Viajar puede volverse menos accesible. Incluso los servicios básicos pueden encarecerse si las empresas trasladan parte de sus costes operativos.

El riesgo de fondo es que una subida prolongada del petróleo termine frenando el consumo y la actividad económica. Algunos economistas advierten de que, si la tensión se mantiene, el mundo podría acercarse a una desaceleración más amplia. El Fondo Monetario Internacional también ha advertido que una escalada entre EE.UU., Israel e Irán aumentaría el riesgo de una recesión mundial.

El petróleo no explica por sí solo toda la inflación, pero sigue siendo una pieza demasiado grande para ignorarla. Cuando su precio se dispara, el impacto no se queda en el barril ni en la estación de servicio: llega al transporte, a la comida, a los vuelos y al presupuesto de los hogares.

Fuentes

1
BBC

www.bbc.com

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