Descubren una hormiga fosilizada de hace 40 millones de años en el ámbar de Goethe
Una hormiga de hace 40 millones de años permaneció oculta en el ámbar que perteneció a Johann Wolfgang von Goethe hasta que nuevas técnicas de escaneo revelaron detalles invisibles a simple vista.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
Durante más de dos siglos, una pequeña colección de ámbar descansó casi desapercibida entre los objetos reunidos por Johann Wolfgang von Goethe. Eran piezas procedentes de la región del Báltico, conservadas hoy por la Fundación Clásica de Weimar en el Museo Nacional Goethe. A simple vista, parecían simples fragmentos de resina fosilizada. Sin embargo, en su interior guardaban algo más: animales atrapados hace millones de años.
Investigadores de la Universidad Friedrich Schiller de Jena decidieron examinar esas piezas con herramientas que Goethe jamás pudo imaginar. De las 40 muestras de la colección, dos contenían inclusiones fósiles apenas visibles en piedras sin pulir. Para estudiarlas sin dañarlas, el equipo recurrió a técnicas modernas de imagen y llevó los ejemplares al Sincrotrón Electrónico Alemán DESY, en Hamburgo. Allí aplicaron tomografía de microsincrotrón, una forma avanzada de escaneo que permite generar imágenes tridimensionales del interior del ámbar.
El resultado fue sorprendente. En el interior aparecieron tres pequeños organismos: un mosquito del mantillo, una mosca negra y, sobre todo, una hormiga excepcionalmente bien conservada. Fue esta última la que despertó mayor interés científico.
La hormiga pertenece a una especie extinta, †Ctenobethylus goepperti, descrita ya en el siglo XIX y relativamente frecuente en el ámbar báltico. Sin embargo, la calidad de conservación del ejemplar hallado en la colección de Goethe permitió ir más allá de lo que se conocía hasta ahora. Gracias al escaneo, los investigadores no solo observaron los finos pelos del cuerpo de la obrera, sino también estructuras internas de la cabeza y el tórax que rara vez pueden analizarse con tanto detalle.
Esa mirada al interior ofreció información nueva sobre la morfología de la especie y sus relaciones con otros grupos de hormigas. A partir de los datos obtenidos, el equipo creó una reconstrucción tridimensional completa del espécimen, que ha sido puesta a disposición de la comunidad científica. Este modelo digital facilita que otros investigadores comparen fósiles similares y afinen la identificación de ejemplares conservados en colecciones de todo el mundo.
Las comparaciones con el género actual Liometopum, que vive en Norteamérica y en zonas cálidas de Europa, permiten también esbozar cómo pudo haber sido la vida de esta hormiga extinta. Es probable que construyera grandes nidos en árboles, lo que explicaría por qué sus individuos quedaron atrapados con frecuencia en la resina que más tarde se transformó en ámbar.
El hallazgo tiene además un componente histórico. Goethe mostró cierto interés por el ámbar, aunque más por sus propiedades ópticas que por su contenido biológico. Llegó incluso a pulir lentes con resina fosilizada para sus estudios sobre el color. En su época, la investigación sistemática de fósiles incluidos en ámbar apenas comenzaba, y el alcance de esas cápsulas del tiempo naturales aún no estaba claro.
Que hoy, siglos después, una pieza que pasó por las manos del poeta aporte nuevos datos científicos ilustra el valor de las colecciones históricas. Lo que en su momento fue un objeto de curiosidad se ha convertido en una fuente de conocimiento sobre ecosistemas antiguos.
Más allá de la anécdota literaria, el estudio demuestra cómo las tecnologías actuales pueden abrir ventanas inesperadas al pasado. En fragmentos de resina de apenas unos centímetros, atrapados en vitrinas desde el siglo XVIII, todavía quedan historias biológicas por contar.
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