La transición hacia una movilidad más sostenible no depende únicamente de la electrificación. En Mannheim, una nueva planta piloto demuestra que los combustibles líquidos también pueden adaptarse a los objetivos climáticos mediante mezclas flexibles que integran componentes renovables y fósiles, con un impacto ambiental medible y transparente, algo clave para sectores donde la electrificación total no es viable a corto plazo.
La instalación, desarrollada con participación del Karlsruher Institut für Technologie (KIT), permite producir mezclas personalizadas de combustibles eléctricos o biogénicos según la demanda real del mercado, ajustando las proporciones en tiempo real y evitando la rigidez de los sistemas tradicionales.
A diferencia de las mezclas estándar, la planta combina pequeñas cantidades de distintos tipos de combustible bajo pedido. Sensores de alta precisión y sistemas digitales garantizan que cada entrega cumpla exactamente con la proporción definida, lo que abre la puerta a una integración gradual de combustibles renovables sin alterar la infraestructura existente.
Este enfoque resulta especialmente relevante para el transporte marítimo, la aviación y el transporte pesado, sectores que seguirán dependiendo de combustibles líquidos durante años debido a su alta densidad energética y a las limitaciones técnicas de las baterías.
Los llamados reFuels pueden producirse a partir de residuos agrícolas, forestales, industriales o domésticos, así como mediante la combinación de CO₂ capturado con hidrógeno generado de forma sostenible, lo que los convierte en una opción prometedora para reducir emisiones sin cambiar motores ni flotas completas.
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es la documentación automática del ahorro climático. El software de la planta calcula en cada repostaje la reducción de gases de efecto invernadero frente a un combustible fósil puro, generando un registro verificable que puede utilizarse para cumplir objetivos regulatorios y compromisos ambientales.
Esta trazabilidad introduce un incentivo adicional para empresas y administraciones públicas, ya que el ahorro de CO₂ puede reflejarse incluso en el recibo de combustible, algo poco habitual hasta ahora en el sector energético.
El proyecto forma parte de la hoja de ruta reFuels del estado de Baden-Württemberg, que desde 2018 impulsa el desarrollo y uso de combustibles más respetuosos con el clima mediante estudios, pruebas piloto y proyectos de implementación real.
Más allá de su carácter experimental, la planta de Mannheim funciona como un laboratorio a escala real que muestra cómo los combustibles renovables pueden incorporarse de forma flexible y medible, actuando como un puente entre el sistema actual y una movilidad climáticamente neutra a largo plazo.