Qué es el núcleo terrestre
Situado justo por debajo del manto, el núcleo ocupa el corazón del planeta: comienza a unos 2.900 kilómetros de profundidad y se prolonga hasta el centro de la Tierra, a 6.371 km de la superficie. Aunque solo representa cerca del 15% del volumen del planeta, concentra alrededor de un tercio de su masa, porque está formado por metales muy densos.
Es, con diferencia, la capa más extrema de la Tierra: una enorme esfera de hierro y níquel sometida a temperaturas comparables a las de la superficie del Sol y a presiones millones de veces mayores que la atmosférica. Esas condiciones tan brutales son, precisamente, las que dividen el núcleo en dos zonas de naturaleza muy distinta, una líquida y otra sólida, que veremos en detalle más adelante.
Su origen se remonta a la propia formación del planeta. Cuando la Tierra primitiva era una bola de material fundido, los metales más pesados, sobre todo el hierro, se hundieron hacia el centro por su mayor densidad, mientras los materiales ligeros quedaban arriba. Ese hundimiento formó el núcleo metálico que hoy late en el centro del planeta, en un proceso que los geólogos llaman diferenciación planetaria.
Estructura: núcleo externo e interno
El núcleo no es una masa uniforme. Pese a tener una composición parecida, se divide en dos capas con un estado físico totalmente distinto, y esa diferencia lo cambia todo:
- Núcleo externo: una capa líquida de unos 2.250 km de espesor, entre los 2.900 y los 5.150 km de profundidad. Al estar fundido, su metal circula y se agita sin parar, un movimiento que resulta decisivo, como veremos al hablar de sus funciones.
- Núcleo interno: una esfera sólida con un radio de unos 1.220 km, desde los 5.150 km hasta el centro de la Tierra. Aunque está todavía más caliente que el externo, la presión es tan colosal que el metal no puede fundirse y permanece sólido.
La clave está en esa convivencia: una bola sólida envuelta por un océano de metal líquido en constante movimiento. Esa combinación, como veremos, es la que explica buena parte de lo que el núcleo hace por el planeta.
Características: temperatura y presión
Si algo define al núcleo son sus condiciones llevadas al límite, las más extremas de todo el planeta:
- Temperaturas como las del Sol: rondan los 4.000 °C en su parte más externa y trepan hasta unos 5.400-6.000 °C en el centro de la Tierra, una temperatura comparable a la de la superficie del Sol.
- Presión aplastante: en el centro la presión supera los 3 millones de veces la presión atmosférica de la superficie. Es tan brutal que comprime el hierro y lo mantiene sólido pese a ese calor descomunal.
- Densidad altísima: al estar hecho de metales pesados tan comprimidos, el núcleo alcanza densidades de hasta 13 gramos por centímetro cúbico, más del doble que las rocas del manto.
Composición del núcleo terrestre
El núcleo está compuesto sobre todo de hierro y níquel, una aleación que los geólogos llaman a veces "nife" (por los símbolos químicos Ni y Fe). A esos dos metales se suman pequeñas cantidades de elementos más ligeros, como oxígeno, silicio y azufre, cuya presencia los científicos deducen porque el núcleo es algo menos denso de lo que sería si fuera de hierro puro.
Esa composición metálica no es casual ni uniforme con el resto del planeta: contrasta con el manto y la corteza, hechos sobre todo de silicatos rocosos. Esa diferencia tan marcada entre un centro metálico y un exterior rocoso es una de las claves que permitieron a la ciencia reconstruir cómo está organizada la Tierra por dentro.
Para qué sirve el núcleo: sus funciones
Más allá de qué es, lo realmente interesante del núcleo es lo que hace. Cumple tres funciones esenciales para el planeta:
- Genera el campo magnético: el movimiento del metal líquido del núcleo externo actúa como una dinamo gigante que crea el campo magnético terrestre. Ese escudo desvía la radiación solar y evita que el viento solar arranque la atmósfera.
- Mueve el calor interno: el núcleo libera hacia el manto el calor que alimenta las corrientes de convección, las mismas que desplazan las placas tectónicas y modelan la superficie.
- Ayuda a estabilizar la rotación: al concentrar casi un tercio de la masa del planeta en su centro, el núcleo contribuye al equilibrio de la rotación terrestre y a la estabilidad del eje.
La mejor prueba de su importancia es lo que ocurre cuando falla: Marte tenía un núcleo activo, pero al enfriarse perdió su campo magnético, y el viento solar fue arrancándole la atmósfera hasta dejarlo convertido en un mundo árido.