Qué es la geopolítica y cómo explica los conflictos que dominan las noticias
La geopolítica va más allá de mapas y fronteras: estudia cómo la posición geográfica, los recursos y las infraestructuras estratégicas influyen en la distribución del poder. Entender esa lógica es clave para interpretar los conflictos actuales y los cambios que están reconfigurando el orden mundial.
Qué es la geopolítica y qué no es
La geopolítica es el estudio de cómo la geografía condiciona las decisiones de poder entre países. Quién controla qué territorio, qué recursos tiene, por dónde pasan las rutas comerciales y qué posiciones estratégicas son vulnerables son preguntas centrales de este enfoque.
El término lo acuñó el politólogo sueco Rudolf Kjellén a principios del siglo XX, aunque la idea es más antigua: los imperios siempre han competido por tierra, recursos y acceso al mar.
Lo que la geopolítica no es: no es sinónimo de política internacional ni de relaciones exteriores. Un país puede tener una política exterior activa sin que sea geopolítica. La geopolítica aparece cuando la geografía —recursos naturales, posición estratégica, control de rutas— es el factor determinante en una decisión de poder. Cuando se dice que la guerra en Ucrania es "geopolítica", no se está diciendo solo que dos países pelean, sino que pelean por algo que tiene que ver con la posición de Ucrania entre Europa y Rusia, con el control del Mar Negro y con quién domina el este del continente.
Pero la geopolítica contemporánea ya no se limita al mapa físico. El ciberespacio, la guerra de información, las sanciones económicas como herramienta de presión territorial y el control de infraestructura digital —cables submarinos, centros de datos, redes de comunicación— también forman parte del tablero. Pensar la geopolítica solo en términos de tierra y recursos es quedarse en la lectura clásica de Kjellén o Mackinder; lo que está en juego hoy incluye también quién controla los flujos de datos y la arquitectura tecnológica global.
Conviene además tener presente que la geopolítica no es solo un marco explicativo neutral: también es un discurso que puede usarse —y se ha usado— para justificar decisiones de poder. Presentar una intervención militar como "lógica geopolítica" puede hacer que parezca inevitable lo que en realidad fue una elección política con implicaciones legales y éticas. Entender la geopolítica incluye saber que el propio concepto puede ser instrumentalizado.
Cómo funciona la geopolítica en los conflictos de 2026
El mundo tiene en este momento más de 60 conflictos armados activos, una cifra que ya en 2025 alcanzaba los 59 enfrentamientos según informes de seguimiento de conflictos internacionales. La tendencia no se ha revertido. Pero no todas las guerras actuales son iguales ni responden a las mismas lógicas. Lo que la geopolítica permite es identificar los patrones que conectan unos con otros.
Ucrania: la guerra por el mapa de Europa
Más allá del discurso ideológico, la posición estratégica de Ucrania explica buena parte del conflicto. Ucrania es el territorio que separa a Rusia de la OTAN, Crimea le da acceso al Mar Negro y la llanura ucraniana ha sido históricamente la puerta de entrada a Rusia desde el oeste. El conflicto, que en junio de 2026 habrá durado más que la Primera Guerra Mundial, es un ejemplo clásico de geopolítica: dos potencias compitiendo por el control de un espacio que ambas consideran estratégico.
Venezuela: petróleo, posición y doctrina Monroe
La intervención militar estadounidense que sacó a Nicolás Maduro del poder a principios de 2026 no se explica solo por el narcotráfico. Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y está en una posición clave para el control del Caribe. Estados Unidos aplicó una lógica geopolítica que tiene más de 200 años: la doctrina Monroe, que considera América Latina como su zona de influencia. Trump lo ha dicho abiertamente: América es prioridad.
Sin embargo, presentar la doctrina Monroe como simple "lógica geopolítica" merece un matiz importante: esa doctrina es profundamente controvertida en América Latina, donde ha sido históricamente percibida como una justificación para la intervención unilateral de Estados Unidos en la región. El hecho de que una acción pueda explicarse en términos geopolíticos no significa que esté exenta de cuestionamiento legal o ético. La geopolítica describe dinámicas de poder, pero no las legitima por sí sola.
Taiwán: el chip que puede detonar la próxima guerra
China considera Taiwán parte de su territorio. Pero la importancia de Taiwán no es solo simbólica: la isla fabrica más del 90 por ciento de los semiconductores más avanzados del mundo. Un conflicto allí no solo rediseñaría el mapa del Pacífico, sino que paralizaría la producción global de tecnología. La geopolítica del siglo XXI ya no pelea solo por petróleo o tierra: pelea por chips.
El caso de Taiwán ilustra algo más profundo: la dependencia tecnológica ha reconfigurado lo que significa "territorio estratégico". Ya no se trata solo de controlar un estrecho o un yacimiento, sino de quién domina las cadenas de producción de las que depende la economía mundial. TSMC, la empresa taiwanesa que fabrica esos semiconductores, se ha convertido en un actor geopolítico por sí mismo —algo impensable en la geopolítica clásica, donde los actores eran siempre Estados—. Esa es una de las transformaciones más relevantes del tablero actual.
Los recursos que mueven el tablero
Detrás de muchos conflictos actuales hay un recurso estratégico cuya ubicación condiciona el equilibrio de poder. El petróleo en Venezuela y Oriente Medio, el gas natural en Rusia y el Mediterráneo oriental, el litio en el triángulo sudamericano, los minerales críticos en el Congo y el Sahel o los semiconductores en Taiwán no son solo materias primas: son puntos del mapa que concentran influencia, dependencia y capacidad de presión.
La geopolítica no sostiene que todo conflicto se reduzca a recursos, pero sí que el control de ciertos territorios altera la correlación de fuerzas. La geografía no decide por sí sola, pero marca límites y oportunidades. Cuando un analista califica una crisis como "geopolítica", está señalando que sin entender dónde ocurre y qué se disputa en ese lugar, el conflicto queda incompleto.
Por qué debería importarte aunque no te interese la política
La geopolítica no es un tema para expertos. Es lo que explica por qué sube el precio de la gasolina cuando hay tensión en el Golfo Pérsico, por qué tu teléfono podría ser más caro si China bloquea Taiwán, por qué Europa paga más por la energía desde que empezó la guerra en Ucrania y por qué los alimentos suben cuando se interrumpe el comercio de grano en el Mar Negro.
En Davos 2026, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, dijo que estamos viviendo el equivalente a 1918, 1945 o 1989: un momento en el que el orden mundial cambia de forma estructural. El primer ministro canadiense, Mark Carney, fue más directo: el mundo está "en medio de una ruptura, no de una transición".
La comparación es potente, pero conviene no darla por sentada. Muchos analistas argumentan que el cambio actual, a diferencia de esos puntos de quiebre históricos, no tiene un antes y un después tan definidos: es más gradual, más difuso y con múltiples centros de tensión simultáneos en lugar de un único eje de conflicto. Es posible que estemos en un momento de transformación estructural, pero también es posible que estemos usando analogías históricas demasiado grandes para un proceso que todavía no entendemos del todo.
Saber qué es la geopolítica no te convierte en analista del orden mundial, pero sí te da un marco para entender por qué ciertos conflictos afectan precios, energía, comercio y estabilidad global. Lo que ocurre en territorios lejanos no es ajeno: termina influyendo en tu economía y en tu vida cotidiana.
Preguntas frecuentes
La geopolítica es el estudio de cómo la geografía, los recursos y la posición estratégica influyen en la distribución del poder entre países y en la aparición de conflictos internacionales.
La política internacional abarca las relaciones diplomáticas y decisiones exteriores de los Estados, mientras que la geopolítica se centra específicamente en cómo el territorio, los recursos y las rutas estratégicas condicionan esas decisiones de poder.
Porque muchos conflictos no se explican solo por ideología o desacuerdos políticos, sino por disputas sobre territorios, recursos energéticos, rutas comerciales o infraestructuras estratégicas.
No. La geopolítica contemporánea también incluye el control de infraestructura digital, cadenas tecnológicas, sanciones económicas y competencia en el ciberespacio.
Fuentes
El Orden Mundial — Los conflictos que marcarán 2026
elordenmundial.com/conflictos-2026/
International Crisis Group — 10 conflictos para tener en la mira en 2026
www.crisisgroup.org/es/cmt/global/10-conflicts-watch-2026
Foro Económico Mundial — Cinco conclusiones geopolíticas de Davos 2026
es.weforum.org/stories/2026/02/la-geopolitica-ocupo-un-lugar-central-en-davos-2026-cinco-puntos-clave/
Infobae — El mundo al límite: geopolítica, poder y el inicio de una era incierta
www.infobae.com/def/2026/02/14/el-mundo-al-limite-geopolitica-poder-y-el-inicio-de-una-era-incierta/
Esade — 2026: Un panorama geopolítico desafiante
dobetter.esade.edu/es/riesgos-geopoliticos-negocios-2026
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