Una investigación internacional liderada por la Universidad de Southampton sugiere que el progresivo enfriamiento del planeta durante los últimos 66 millones de años estuvo estrechamente relacionado con un cambio profundo en la química de los océanos, en particular con una fuerte reducción del calcio disuelto en el agua de mar.
Según el estudio, las concentraciones de calcio en los océanos se redujeron a más de la mitad desde el inicio de la era Cenozoica. Este descenso habría alterado la forma en que los océanos intercambiaban carbono con la atmósfera, influyendo directamente en la cantidad de dióxido de carbono presente en el aire.
Cuando los niveles de calcio eran elevados, los océanos tendían a liberar más CO₂ a la atmósfera. A medida que esas concentraciones fueron disminuyendo a lo largo de millones de años, el proceso se invirtió y una mayor cantidad de carbono quedó atrapada en el océano y en los sedimentos marinos.
Los investigadores reconstruyeron esta evolución química a partir de restos fosilizados de foraminíferos, diminutos organismos marinos que conservan en su estructura la composición del agua en la que vivieron. Este enfoque permitió crear uno de los registros más detallados de la química oceánica antigua.
Los datos muestran una relación clara entre la caída del calcio marino y la disminución del CO₂ atmosférico, un gas clave en el efecto invernadero. Según los modelos utilizados, este proceso pudo contribuir a una reducción de la temperatura media del planeta de entre 15 y 20 grados Celsius.
El estudio también vincula este cambio químico con la desaceleración de la expansión del fondo oceánico. A medida que disminuyó la actividad volcánica que crea nueva corteza marina, se redujo el intercambio químico entre las rocas y el agua del mar, afectando de forma gradual a los niveles de calcio.
Este hallazgo desafía la idea tradicional de que la química oceánica solo responde a los cambios climáticos. En este caso, los océanos habrían desempeñado un papel activo en la regulación del clima global, actuando como un mecanismo capaz de bajar el “termostato” del planeta.
Para los científicos, comprender estos procesos profundos ayuda a reconstruir la historia climática de la Tierra y ofrece nuevas pistas sobre cómo los grandes sistemas naturales pueden influir en el clima a escalas de tiempo geológicas.
Fuente: PNAS