El cielo estrellado que la humanidad ha mirado desde siempre podría estar a punto de cambiar para siempre, y no para bien. Un nuevo estudio del Observatorio Europeo Austral advierte de que las propuestas para llenar la órbita de satélites, más de 1,7 millones en total, tendrían consecuencias devastadoras para la astronomía.
La cifra asusta si se compara con el presente. Hoy orbitan la Tierra unos 14.000 satélites, dominados por los Starlink de SpaceX, y ya complican el trabajo de los telescopios. El salto a 1,7 millones no es una mejora gradual, sino un cambio de escala que, según el estudio, publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, sobrepasa por completo lo que la astronomía puede soportar.
El trabajo pone una cifra al límite seguro. Para no perder nuestra capacidad de observar el universo, no deberían orbitar más de 100.000 satélites, y todos lo bastante tenues como para no verse a simple vista. Cualquier cosa por encima de eso empieza a borrar el cosmos de nuestras imágenes.
Espejos en el cielo más brillantes que la Luna
Entre todas las propuestas hay una que preocupa por encima del resto. Una empresa emergente llamada Reflect Orbital quiere lanzar una constelación de satélites gigantes con forma de espejo para vender luz solar de noche, reflejando los rayos del Sol hacia la superficie en haces de varios kilómetros de ancho.
El problema es su brillo descomunal. Vistos desde dentro de uno de esos haces, estos satélites parecerían cuatro veces más brillantes que la Luna llena, y aun fuera de ellos, cada uno luciría tan intenso como el planeta Venus. Serían, con diferencia, los objetos más brillantes jamás puestos en órbita.
La escala del proyecto es lo que asusta. El primer satélite espejo, bautizado Earendil-1, desplegaría una lámina reflectante de 18 por 18 metros, y la empresa aspira a tener 50.000 de ellos para 2035. Si lo logra, sus espejos superarían en más de cinco veces a todas las estrellas que hoy vemos a simple vista, convirtiendo el cielo natural en un enjambre de luces artificiales.
El resultado sería un cielo entre tres y cuatro veces más brillante de lo normal. En una ciudad ya de por sí iluminada, esos cientos de satélites serían las únicas estrellas visibles, sustituyendo al firmamento real por uno fabricado por el ser humano.
Lo que perderíamos si se apaga el cielo
El daño va mucho más allá de la belleza del paisaje. Cuando un satélite iluminado por el Sol cruza el campo de un telescopio, deja una estela brillante que arruina la imagen y tapa todo lo que hay detrás, ya sean galaxias lejanas, planetas parecidos a la Tierra alrededor de otras estrellas o incluso asteroides que podrían ser peligrosos para nosotros.
Los grandes observatorios están en la diana. El estudio calcula que la megaconstelación de SpaceX haría que algunas imágenes de los telescopios de Chile perdieran hasta un 28% de su campo de visión, y el flamante Observatorio Vera Rubin, diseñado para cartografiar el universo entero, podría ver inutilizadas la mayoría de sus tomas durante horas cada noche.
El pulso está ahora en manos de los reguladores. Tanto SpaceX como Reflect Orbital han pedido permiso a la comisión de comunicaciones de Estados Unidos, que ha recibido miles de comentarios en contra. Para los astrónomos, como resume el ESO, esto es una amenaza existencial, y confían en que quienes deciden lo vean del mismo modo antes de que sea irreversible.