El aumento de satélites en órbita terrestre baja ha encendido las alarmas de la comunidad científica. Con más de 12.000 aparatos activos, el número se ha duplicado en apenas tres años y amenaza con seguir creciendo.
Lo que para las empresas privadas es un símbolo de progreso tecnológico y negocio, para los astrónomos representa un obstáculo difícil de sortear. Los satélites brillan más de lo recomendado, dejando estelas en las imágenes de telescopios y complicando la investigación astronómica.
Un estudio reciente publicado en el servidor arXiv confirma que casi todas las constelaciones superan el límite de magnitud +7 establecido por la Unión Astronómica Internacional (IAU) para evitar interferencias. Solo la compañía OneWeb se encuentra dentro de lo aconsejado, mientras que otros gigantes como SpaceX y AST SpaceMobile rebasan ampliamente los niveles de brillo.
El caso más polémico es el de la startup texana AST SpaceMobile. Sus satélites BlueWalker, con paneles de hasta 64 metros cuadrados, alcanzan una magnitud promedio de +3, visible incluso a simple vista y más brillantes que muchas estrellas.
SpaceX, con su constelación Starlink que ya supera los 8.000 satélites, ha intentado aplicar técnicas de mitigación. Sin embargo, la segunda generación de sus minisatélites, más grandes y más cercanos a la superficie terrestre, ha incrementado nuevamente el brillo, agravando el problema.
Los científicos temen que, sin una regulación efectiva, el cielo nocturno se transforme en un mosaico artificial. El Centro para la Protección del Cielo Oscuro y Calmo (CPS) de la IAU insiste en que se establezcan normas claras que obliguen a las empresas a cumplir límites de brillo.
La cuestión no es solo estética. El exceso de satélites amenaza investigaciones clave sobre el origen del universo, la detección de exoplanetas y la observación de fenómenos cósmicos efímeros. Cada trazo de luz en las imágenes puede significar la pérdida de datos únicos.
Por ahora, las recomendaciones han sido ignoradas por la mayoría de las compañías y los gobiernos apenas comienzan a discutir el tema. Mientras tanto, los astrónomos advierten que preservar el cielo estrellado es una responsabilidad colectiva y que el tiempo para actuar se acorta.