Desde su detección en julio de 2025 por el sistema ATLAS en Chile, 3I/ATLAS se ha consolidado como uno de los objetos más singulares observados en el Sistema Solar. Es el tercer visitante interestelar confirmado y, a diferencia de los cometas habituales, no regresará: su trayectoria hiperbólica lo lleva a cruzar el sistema una sola vez.
Las observaciones han descartado cualquier riesgo para la Tierra. Según la NASA, su distancia mínima fue de unas 1,8 unidades astronómicas, lo que lo mantiene lejos de cualquier escenario de impacto. El interés no está en su paso, sino en lo que revela sobre su origen.
El exceso de deuterio cambia la lectura del cometa
Los datos obtenidos por el telescopio espacial James Webb han permitido analizar la composición de la nube de gas que rodea al cometa. En el agua, los investigadores han detectado una proporción de deuterio del 0,95%, muy superior al promedio de los cometas del Sistema Solar, cercano al 0,029%.
Este detalle no es menor. El deuterio es una variante del hidrógeno que se incorpora con más facilidad en condiciones extremadamente frías. En términos prácticos, funciona como una señal química que apunta a temperaturas muy bajas en el momento en que se formó el hielo.
Los propios estudios plantean que para alcanzar ese nivel, el material del cometa debió originarse en entornos iguales o inferiores a 30 Kelvin. Se trata de temperaturas en las que la actividad química es mínima y los compuestos pueden conservarse durante largos periodos sin alterarse.
El metano refuerza un origen fuera del Sistema Solar
El segundo análisis se centra en el metano detectado en la coma del cometa. En este caso, la proporción de deuterio alcanza el 3,31%, con una incertidumbre de ±0,34. La diferencia respecto a mediciones en cometas conocidos es significativa.
Como referencia, en el cometa 67P se había estimado una proporción mucho menor, en torno al 0,241%. Esta comparación refuerza la idea de que 3I/ATLAS no se formó en condiciones similares a las del Sistema Solar, sino en un entorno químico distinto. Los investigadores interpretan estos datos como una señal de que el cometa procede de un sistema planetario diferente, con condiciones de formación alejadas de las que dieron origen al Sol y sus planetas. Esta conclusión, no obstante, sigue en fase de revisión.
Un posible fragmento de la Vía Láctea primitiva
A las pistas del deuterio se suman las mediciones de carbono. Las relaciones elevadas entre carbono 12 y carbono 13 detectadas en el cometa suelen asociarse a regiones de baja metalicidad, es decir, zonas formadas en etapas tempranas de la galaxia.
Con este conjunto de datos, los estudios sugieren que el material de 3I/ATLAS podría haberse formado hace entre 10.000 y 12.000 millones de años. De confirmarse, estaríamos ante un fragmento extremadamente antiguo que ha permanecido prácticamente intacto desde entonces.
Este tipo de objetos ofrece una ventana directa a la química de la Vía Láctea en sus primeras etapas, algo difícil de estudiar con materiales formados en sistemas más recientes como el nuestro.
Por qué no es “combustible nuclear” en el sentido real
La presencia de deuterio ha llevado a describir el cometa como si contuviera “combustible nuclear”, una interpretación que simplifica en exceso el hallazgo. El deuterio es un isótopo que se utiliza en investigaciones sobre fusión, pero también está presente en el agua de la Tierra.
El valor de este descubrimiento no está en una posible explotación energética, sino en lo que revela sobre los procesos de formación de hielo y moléculas en condiciones extremas. El cometa no es una fuente de energía, sino un registro químico.
El caso de 3I/ATLAS muestra cómo los objetos interestelares pueden aportar información clave sobre otros sistemas planetarios. Más allá del ruido generado en redes, su importancia está en las pistas que ofrece sobre cómo se forman y evolucionan materiales en distintos entornos de la galaxia.