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Dragon, la cápsula de SpaceX que va y vuelve de la ISS

La cápsula Dragon se ha convertido en el “taxi espacial” de la Estación Espacial Internacional: despega sobre un Falcon 9, se acopla en órbita y regresa a la Tierra con tripulación y carga, repitiendo un viaje que hoy sostiene buena parte del tráfico humano al espacio.

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

5 min lectura

Falcon 9 despegando con la cápsula Crew Dragon rumbo a la ISS
Un cohete Falcon 9 despega con la cápsula Crew Dragon en la misión Demo-2 hacia la Estación Espacial Internacional desde Florida. Créditos: NASA/Bill Ingalls.

Cuando una Dragon aparece en pantalla, parece un objeto limpio y silencioso, avanzando con calma hacia la Estación Espacial Internacional. Esa tranquilidad engaña: para que ese encuentro sea rutinario, la nave tiene que resolver tres cosas difíciles a la vez. Subir sin margen para el error, acoplarse con precisión milimétrica y sobre todo, volver a casa intacta tras atravesar la atmósfera.

Dragon es la nave de SpaceX que hoy sostiene buena parte del tráfico de ida y vuelta con la ISS. No solo lleva carga y tripulación: también trae de regreso equipos, experimentos y, cuando toca, a los astronautas. Esa capacidad de “ir y volver” es lo que la convirtió en una herramienta de trabajo, no un símbolo.

Una nave hecha para repetir el viaje

Dragon no es una sola cápsula, sino una familia. Existe una versión pensada para transportar astronautas (Crew Dragon) y otra para llevar suministros y material (Cargo Dragon). La NASA recuerda que la primera Dragon de carga viajó a la estación en una misión de demostración en mayo de 2012, cuando el objetivo era probar que una empresa privada podía hacer el trayecto completo.

El gran salto fue convertir esa lógica en transporte humano estable. En el programa comercial de la NASA, la agencia compra el servicio y SpaceX opera el sistema. En la práctica, esto cambia el ritmo: la estación depende menos de “misiones excepcionales” y más de una cadena industrial que tiene que funcionar siempre. Según la NASA, Dragon puede llevar hasta siete personas, pero en misiones de la agencia suele volar con hasta cuatro, y está diseñada para amerizar.

Esa normalización tiene un precio: cuando el sistema se vuelve costumbre, también se vuelve invisible lo que cuesta mantenerlo. Y no hablo solo de dinero. Hablo de logística, de equipos de rescate, de calendarios ajustados y de una dependencia que se nota mucho cuando algo se tuerce.

De Florida a la ISS: un trayecto que parece simple

Crew Dragon acoplada a la Estación Espacial Internacional en órbita terrestre
La nave Crew Dragon Endeavour acoplada a la Estación Espacial Internacional vista desde órbita terrestre. Créditos: ESA/NASA.

El viaje empieza sobre un Falcon 9. Dragon no “sale” como una nave independiente: va encima del cohete y se separa ya en órbita. A partir de ahí empieza la parte menos vistosa y más delicada: ajustar su trayectoria para encontrarse con la estación sin “llegar rápido”, sino llegar bien.

El acoplamiento tampoco es improvisado. La ISS utiliza adaptadores de acoplamiento (International Docking Adapter, IDA) como punto físico de conexión para naves modernas, una pieza clave para que el atraque sea compatible y repetible.

Por dentro, Dragon también está pensada como un conjunto de dos piezas. Está la cápsula presurizada, donde viaja la tripulación o la carga sensible, y está el “trunk”, un módulo no presurizado que aporta funciones críticas. En el propio perfil del vehículo, SpaceX explica que el trunk permanece unido a la nave hasta poco antes de la reentrada.

Esa separación no es un detalle menor: es parte del diseño para que la cápsula vuelva “limpia” y preparada para el tramo final. La NASA lo describió con claridad en una cobertura de 2019: antes del retorno, Dragon se separa del trunk —que incluye su conjunto solar y radiador— y después ejecuta el encendido que la saca de la órbita y la pone en camino a la atmósfera.

Y aun así, todo lo anterior sería irrelevante si no existiera un plan para emergencias. SpaceX señala que Dragon usa propulsores Draco para maniobrar en órbita y ocho SuperDraco para el sistema de escape durante el lanzamiento. Es decir: si algo va mal en el momento más peligroso, la cápsula debe poder alejarse del cohete.

Volver a casa: el tramo que decide todo

Cápsula Crew Dragon descendiendo con paracaídas antes de amerizar
La cápsula Crew Dragon desciende con paracaídas para amerizar tras regresar de la ISS. Créditos: NASA.

La reentrada es la prueba real. Volver desde órbita significa atravesar la atmósfera a velocidades extremas, soportar un calentamiento brutal y aceptar que durante unos instantes incluso la comunicación puede complicarse. Ahí manda el escudo térmico: si esa barrera falla, todo lo demás da igual.

La NASA explica que la tecnología PICA, un material ligero capaz de resistir temperaturas muy altas, es la que se usa en las cápsulas Dragon para protegerlas durante la reentrada. La idea es simple: el material “se sacrifica” para que el interior sobreviva.

Después llegan los paracaídas y el amerizaje. No hay aterrizaje suave en pista: Dragon baja al océano y un equipo de recuperación sale a buscarla. Es un final poco glamuroso, pero funcional, y precisamente por eso encaja con el papel de Dragon: una nave pensada para operar, no para impresionar.

La relevancia de esa rutina se ve en el calendario. La NASA acaba de comunicar que la Crew-12, con Falcon 9 y Dragon, tiene el lanzamiento “no antes” del 11 de febrero de 2026 tras su revisión de preparación. Es la estación funcionando como una infraestructura con rotaciones programadas, no como un experimento aislado.

Dragon no es solo una cápsula. Es un sistema que convierte el viaje a la ISS en un servicio repetible. Y esa repetición es una ventaja hasta que te obliga a recordar una verdad incómoda: cuanto más depende la estación de que todo salga “como siempre”, más caro se vuelve cualquier fallo, cualquier retraso y cualquier pieza que no esté donde debe estar.

Fuentes:

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